Cuando en la otra casa te hablan mal frente a los niños
By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

Versión en inglés · traducción en preparación
Este artículo aún está en inglés. La traducción al español está en preparación.
Cuando en la otra casa te hablan mal frente a los niños
Módulo 17 · Cuando el papá o la mamá de tu peque no está bien · Artículo 07 · Wave 3 · todas las edades
Tu peque repite algo y, de pronto, te das cuenta de dónde salió. Una crítica hacia ti, una acusación, una versión de los hechos en la que tú quedas como el villano, dicha con la voz de la otra casa por la boca de tu peque. En la otra casa hablan mal de ti frente a los niños, y ahora tu peque carga el desprecio que sienten por ti, y te mira un poquito distinto por eso. Es algo que da mucho coraje y que también lastima, y el impulso más fuerte, el de aclarar las cosas y devolver el golpe, es justo el que hay que aguantar.
Este texto es sobre estar del lado que recibe, cuando en la otra casa te ponen por los suelos frente a los niños. Tiene mucho que ver con el artículo sobre la alienación, pero es más específico y más común, y tiene un centro bien claro: la forma de proteger a tu peque y tu relación con él casi nunca es responder con la misma moneda, y casi siempre es dejar que la experiencia directa que tu peque tiene de ti sea la respuesta.
Si no te sientes a salvo en tu relación, o si te preocupa la seguridad de un hijo, este artículo no es el lugar para empezar. Una línea de apoyo contra la violencia familiar puede acompañarte: puedes marcar a Vida sin Violencia, 800 108 4053. El resto de esta biblioteca va a seguir aquí cuando estés listo.
Lo que el hablar mal le hace a tu peque
Vale la pena dejarlo claro: la primera víctima de que hablen mal no eres tú, es tu peque. Cuando en una casa se desprestigia a la otra frente a un hijo, ese hijo queda en una posición imposible, porque está hecho de las dos personas que lo formaron y quiere a las dos. Oír que en una casa ponen por los suelos a la otra mete a tu peque en un conflicto de lealtades: darle la razón es traicionar a alguien que quiere, llevarle la contraria es desafiar a quien le está hablando. No hay ningún lugar cómodo donde pueda pararse.
Hablar mal también le echa encima a tu peque un conflicto de adultos que no le toca, le pide que guarde información negativa sobre alguien a quien necesita poder querer, y puede dejarlo ansioso, culpable y dividido. Sea lo que sea que se busque hacer con tu lugar frente a él, el primer efecto es lastimar a tu peque al partirle las lealtades y cargarlo con un pleito que no debería llevar. Tener esto presente ayuda, porque le da otra forma a tu tarea: ya no se trata de defender tu reputación, sino de proteger a tu peque de esa trampa, y eso apunta a una respuesta muy distinta de la venganza.
No respondas con la misma moneda
El impulso, cuando te están poniendo por los suelos frente a tus hijos, es defenderte aclarando las cosas y, muchas veces, poniendo por los suelos a la otra casa a tu vez, para corregir lo que tu peque está pensando y emparejar el marcador. Esto es lo central que hay que aguantar, porque responder con la misma moneda lastima más a tu peque, sin importar la provocación.
Cuando hablas mal de la otra casa de regreso, aunque sea en defensa propia, aunque sea con la verdad, le haces a tu peque exactamente lo mismo que le están haciendo: hondas el conflicto de lealtades, le echas encima más pleito de adultos y lo empujas todavía más a esa posición imposible de tener que elegir. Desde donde está tu peque, ahora las dos casas hablan mal una de la otra, y queda en medio del fuego cruzado, hecho de dos personas que cada una ataca a la otra mitad de él. Que las dos casas hablen mal una de la otra lo lastima muchísimo más que si lo hace una sola, y sumarte, por más justificado que te sientas, te vuelve parte del daño.
Así que la disciplina, por difícil que sea, es no responder con lo mismo. No poner por los suelos a la otra casa de regreso, ni siquiera cuando se lo ganaron, ni siquiera para aclarar las cosas, ni siquiera cuando quedarte callado se siente como dejar que las mentiras se queden de pie. La contención no es por el bien de la otra casa, es por el de tu peque. Te niegas a convertir a tu peque en el terreno que se disputan, aunque del otro lado no tengan la misma contención. Esto es de verdad difícil y puede sentirse profundamente injusto, morderte la lengua mientras te están desprestigiando, y es una de las cosas más protectoras que puedes hacer por tu peque.
Deja que tu forma de actuar sea la respuesta
Si no vas a responder con palabras, ¿entonces qué le contesta a todo eso que dicen? Tu forma de actuar. La experiencia directa y diaria que tu peque tiene de ti es una respuesta mucho más fuerte a las críticas que cualquier defensa hablada, y es la respuesta que no lastima a tu peque.
Tu peque oye una cosa de ti en la otra casa y vive otra cosa contigo de manera directa, todos los días. Si le dicen que no te importa, y vive tu cariño confiable, cálido y atento, la experiencia gana con el tiempo, porque los niños creen más lo que viven que lo que les cuentan. Si le dicen que eres enojón o peligroso o egoísta, y te vive como alguien estable, seguro y generoso, lo que vive a diario poco a poco le pesa más que las palabras. Tu presencia constante, amorosa y confiable es la respuesta, escrita en un idioma en el que tu peque confía más que en lo que le dicen.
Esto es a largo plazo y pide paciencia, porque lo que se vive se va juntando despacito y, mientras tanto, lo que dicen puede arder. Pero funciona de una forma en que la defensa hablada no funciona y, sobre todo, no le cuesta nada a tu peque. Ser el papá que tu peque vive como bueno, en lugar del papá que anda discutiendo que es bueno, convence más y protege más. Con los años, la relación que tu peque construye contigo, hecha de experiencia directa, se vuelve la verdad que se queda con él, muchas veces sin importar lo que le hayan dicho.
Qué decir, y qué no decir
Eso sí, no te quedas del todo callado. Hay cosas que sí decir cuando tu peque te trae lo que oyó, y tienen que ver con apoyarlo a él, no con defenderte ni con atacar a la otra casa.
Cuando tu peque repite algo feo que dijeron de ti en la otra casa, puedes negarte a entrar al pleito y, al mismo tiempo, validar lo difícil de su posición. No discutes el punto, no te defiendes a lo largo, no contraatacas. En lugar de eso, puedes nombrar lo difícil que es para tu peque estar en medio. Suena a que eso fue difícil de oír, y difícil de cargar estando en medio. No tienes que tomar partido entre tu papá y yo. Está bien que nos quieras a los dos. Esto le habla al problema real de tu peque, el conflicto de lealtades, y no al contenido de la acusación, y le da permiso de salirse de en medio.
También puedes dar una respuesta tranquila al señalamiento puntual si hace falta, sin ponerte a la defensiva ni querer desquitarte, sin hacerlo un tema. Lamento que hayas oído eso. Yo no lo veo así, pero no voy a decir cosas feas de tu papá. Lo que importa es que te quiero y que aquí estoy. Dejaste ver, con suavidad, que no estás de acuerdo, no respondiste con la misma moneda y redirigiste hacia lo que tu peque necesita, tu cariño y tu presencia. No te lanzas a una refutación detallada ni a contar tu propia versión, porque eso jalaría a tu peque al pleito.
Lo que no dices es cualquier cosa que ponga por los suelos a la otra casa, cualquier cosa que le pida a tu peque ponerse de tu lado, cualquier cosa que lo interrogue sobre lo que dicen en la otra casa, o cualquier cosa que lo haga responsable de manejar el conflicto entre ustedes. Tu peque necesita menos pleito, no más, y permiso para querer a las dos casas, no presión para elegir. Cuando lo de hablar mal es severo y se sostiene en el tiempo, acercándose a la alienación de la que habla el artículo anterior, el artículo sobre la ayuda profesional señala dónde buscar apoyo, porque un desprestigio que no para está de verdad más allá de lo que alguien debería sobrellevar a solas.
La frase que te llevas
Cuando en la otra casa te hablan mal frente a los niños, la primera víctima es tu peque, atrapado en un conflicto de lealtades imposible y cargado con un pleito de adultos, y eso le da otra forma a tu tarea: ya no es defender tu reputación, sino proteger a tu peque. No respondas con la misma moneda, porque poner por los suelos a la otra casa de regreso, por más justificado que esté, hace más hondo el conflicto de tu peque y te vuelve parte del daño; la contención es por tu peque, no por la otra casa. Deja que tu forma de actuar sea la respuesta, porque tu peque cree más en lo que vive contigo a diario que en lo que le dicen, y tu presencia amorosa y constante le pesa más que las palabras con el tiempo. Y cuando tu peque te traiga lo que oyó, acompáñalo en ese conflicto de lealtades y responde con calma, sin ponerte a la defensiva, sin poner por los suelos a la otra casa, sin pedirle que elija, sin dejar que cargue él el conflicto.
Te están desprestigiando ante tus propios hijos, y la salida no es responder con lo mismo, sino ser, de forma confiable y cálida, el papá que tu peque vive de verdad. Esa verdad vivida es la respuesta, y es la que no le cuesta nada a tu peque.
No contestes veneno con veneno. Sé el papá que tu peque vive todos los días, y deja que esa verdad vivida le pese más que las palabras, porque es la respuesta que protege a tu peque en vez de usarlo.
Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional cualificado. Si tú o tu hijo o hija podéis estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu zona.