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Módulo 17 · Cuando el otro padre no está bien

El padre que desaparece

By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

Todas las edades8 min de lectura
El padre que desaparece

Versión en inglés · traducción en preparación

Este artículo aún está en inglés. La traducción al español está en preparación.

El padre que desaparece

Módulo 17 · Cuando el papá o la mamá de tu peque no está bien · Artículo 05 · Wave 3 · todas las edades


A veces no es un fin de semana cancelado ni un patrón impredecible. A veces el padre de tu peque simplemente desaparece. Semanas de silencio. Ni llamadas, ni visitas, ni una sola palabra. Tu peque pregunta dónde está, y tú no tienes una respuesta, o no una que le puedas dar. Esta es una versión distinta y, en cierto modo, más difícil que la del padre poco confiable: el que se esfuma por temporadas y te deja sosteniendo la confusión y el dolor de tu peque ante una ausencia que no puedes explicar y que tampoco escogiste.

Este texto trata del padre que desaparece y, sobre todo, de la conversación que viene con eso, la pregunta de dónde-está-papá que no tiene buena respuesta. Es de los más delicados, porque aquí hay un dolor de verdad para tu peque, y a ti te toca ayudarlo a cargarlo sin poder arreglar lo que lo causa.

Si no estás a salvo en tu relación, o si te preocupa la seguridad de un niño, este artículo no es el lugar para empezar. Una línea de apoyo contra la violencia familiar puede acompañarte (en México, Vida sin Violencia, 800 108 4053, o el 911 si hay una emergencia). El resto de esta biblioteca va a seguir aquí cuando estés listo.

El dolor particular de la desaparición

Un padre que desaparece por semanas le crea a un niño un sufrimiento muy específico, distinto del fin de semana cancelado. El fin de semana cancelado es una decepción; la desaparición se parece más a un pequeño duelo que se repite, solo que sin lo definitivo ni la claridad que le permitirían a tu peque hacer el duelo limpiamente. El padre no está, pero podría volver. Tu peque se queda en el limbo: ni tiene a su papá ni puede soltarlo del todo, esperando un regreso que tal vez llegue y tal vez no.

Ese limbo es duro para un niño. Puede oscilar entre la esperanza y la desesperanza. Puede armarse explicaciones, casi siempre de las que se echan la culpa, porque la lógica de un niño muchas veces concluye que el papá se fue por algo que tiene que ver con él. Puede mostrar la ausencia con su conducta y no con sus palabras, ese retraerse o ese portarse mal que describe el módulo de conducta. Y carga un dolor que no encuentra dónde aterrizar, porque la pérdida no es lo bastante definitiva para llorarla ni lo bastante resuelta para dejarla atrás.

Nombrar esto con honestidad importa, porque uno puede caer en la tentación de minimizar la desaparición, de actuar como si no fuera la gran cosa, de llenar el hueco tan por completo que el dolor de tu peque por el padre ausente se quede sin espacio. Pero ese dolor es real y necesita reconocerse, incluso, sobre todo, cuando no puedes arreglar lo que lo causa. Ayudar a tu peque a hacer el duelo por un padre ausente es parte de lo que sí está en tus manos, aunque no puedas hacer que el padre regrese.

La conversación de dónde-está-papá

El momento más difícil es la pregunta. ¿Dónde está papá? ¿Cuándo va a volver? ¿Por qué no llama? Y tú, sosteniendo tu propio enojo y tu propio dolor, y sin saber tú mismo la respuesta, tienes que decir algo.

El principio es la honestidad dentro de lo que corresponde a su edad, sin promesas falsas y sin condenas. No finges saber lo que no sabes. No prometes regresos que no puedes garantizar. No hablas mal del padre ausente. Y anclas a tu peque en tu propia presencia firme y en tu cariño.

Cuando de verdad no sabes dónde está ni cuándo va a volver, la honestidad incluye admitirlo. No sé dónde está papá ahorita, ni cuándo va a comunicarse. Ojalá tuviera una mejor respuesta para ti. Sé que es bien difícil no saber. Esto cuesta decirlo, porque no le ofrece a tu peque ninguna resolución, pero es mejor que una certeza falsa que después se rompe. A un niño al que se le dice que su papá seguro vuelve pronto, y luego no vuelve, se le lastima dos veces: una por la ausencia y otra por la promesa rota.

Vas hacia el sentimiento que está debajo de la pregunta. La pregunta de dónde-está-papá casi siempre carga dolor, miedo y, muchas veces, culpa, y eso es lo que hay que atender. Está bien extrañarlo. Está bien sentirte triste o enojado de que no esté aquí. Y quiero que sepas algo bien importante: esto no es por nada que tú hayas hecho. No es tu culpa, y no tiene nada que ver contigo. Son cosas de adultos las que lo tienen lejos, nada que tenga que ver contigo. No puedes responder bien la pregunta del dónde, pero sí puedes responder el miedo de fondo, el de que tu peque lo causó, que muchas veces es lo más importante que hay que atender.

Y lo anclas en ti. Dondequiera que esté papá, yo estoy aquí, y no me voy a ningún lado. Estás a salvo y eres querido. El padre que desaparece sacude la fe de tu peque en que un padre es algo permanente, y tu presencia firme y confiable es el contrapeso. No puedes hablar por el padre ausente, pero sí puedes estar tú, presente sin lugar a dudas.

No prometer un regreso que no puedes garantizar

Frente a un niño que sufre, lo que más jala es prometerle que su papá va a volver, porque eso lo calmaría en el momento. Esta es la trampa que hay que esquivar con más cuidado, porque tú no controlas si el padre regresa, y una promesa que no puedes cumplir deja a tu peque listo para que lo lastimen otra vez y para que pierda la confianza en tu palabra.

En lugar de prometer un regreso, te quedas honesto sobre lo incierto mientras sostienes con cuidado la esperanza de tu peque. No aplastas la esperanza, decirle a un niño que su papá se fue para siempre cuando no lo sabes es un daño en sí mismo, pero tampoco fabricas una certeza. No sé si papá va a comunicarse, ni cuándo. Ojalá que sí. Y pase lo que pase, tú vas a estar bien, porque eres querido y aquí estás a salvo. Le dejas lugar a la esperanza sin garantizarle aquello que espera, y anclas el que tu peque vaya a estar bien en algo que tú sí controlas, tu propia presencia constante, y no en el regreso incierto del padre ausente.

Esto es de verdad difícil, porque significa quedarte con tu peque dentro de una incertidumbre que no puedes resolver, en vez de arreglarla con una promesa que reconforta. Pero lo incierto dicho con honestidad y sostenido con calidez protege a tu peque mejor que una certeza falsa que se hace pedazos. Y le enseña algo cierto y útil: que podemos sostener la esperanza y la incertidumbre al mismo tiempo, y estar bien aunque no sepamos cómo va a salir algo.

Sostener la esperanza y el dolor a la vez

Un niño con un padre que desaparece muchas veces necesita ayuda para sostener dos cosas que parecen estar peleadas: la esperanza de que su papá vuelva y vuelva a conectarse, y el dolor por la ausencia de ahora. En realidad no se contradicen, y ayudar a tu peque a sostener las dos es más honesto que empujarlo hacia la pura esperanza o el puro dolor.

Dejas que tu peque extrañe a su papá y haga el duelo por la ausencia, le validas que la tristeza es real y que tiene permiso de sentirla, sin apurarlo a sentirse mejor ni a renunciar a su papá. Y dejas que tu peque tenga esperanza, sin alimentar una expectativa concreta que después lo decepcione. Tu peque puede a la vez extrañar a su papá y tener la esperanza de que se comunique, sentirse triste ahora y quedarse abierto al futuro, y a ti te toca hacerle lugar a toda esa mezcla en vez de resolverla de forma artificial hacia un lado o el otro.

Si la desaparición se vuelve algo de largo plazo o permanente, el duelo de tu peque se mueve hacia llorar a un padre que no va a volver como él esperaba, lo cual es un dolor importante que se beneficia de acompañamiento; los textos sobre el duelo de un niño en el módulo de La vida emocional de tu hijo, junto con el artículo sobre ayuda profesional de este mismo módulo, son los lugares a los que acudir. Un niño que hace el duelo por un padre realmente ausente puede necesitar más de lo que un padre solo puede darle, y buscar ese acompañamiento es de sabios.

En todo momento, tu presencia firme es la base. Un niño puede sobrellevar, y hasta hacer el duelo, por un padre que desaparece cuando tiene un padre que está ahí de forma inquebrantable y confiable, sosteniéndolo a través de la incertidumbre y del dolor. Esa presencia es lo que sí puedes dar, por completo, pase lo que pase con el padre ausente.

La frase que te llevas

Un padre que desaparece le crea a un niño un dolor particular, un limbo entre tener un padre y perderlo, con un dolor que no encuentra dónde aterrizar, y ese dolor necesita reconocerse en vez de minimizarse. En la conversación de dónde-está-papá, quédate honesto dentro de lo que corresponde a su edad, admitiendo cuando no sabes, yendo hacia el dolor, el miedo y la culpa que están debajo de la pregunta, y anclando a tu peque en tu propia presencia firme. No prometas un regreso que no puedes garantizar, sosteniendo con cuidado la esperanza de tu peque sin fabricar una certeza que se pueda hacer pedazos. Y ayuda a tu peque a sostener la esperanza y el dolor a la vez en lugar de resolver la mezcla de forma artificial, buscando acompañamiento si la ausencia se vuelve de largo plazo. A través de todo esto, tu presencia inquebrantable es la base sobre la que un niño puede sobrellevar a un padre que desaparece.

No puedes hacer que el padre ausente regrese, ni puedes responder la pregunta que tu peque sigue haciendo. Sí puedes decirle la verdad con ternura, librarlo de la culpa, y ser el padre que nunca desaparece, que es buena parte de lo que sostiene a un niño a través de una ausencia que no alcanza a entender.

No puedes responder a dónde se fue el otro papá de tu peque, ni prometer un regreso que no controlas. Sí puedes librar a tu peque de la culpa, sostener su dolor y su esperanza a la vez, y ser quien está siempre, sin falta, ahí.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional cualificado. Si tú o tu hijo o hija podéis estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu zona.