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Módulo 11 · Nuevas parejas y familias reconstituidas

Las fiestas, los regalos y la nueva familia

By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

Todas las edades7 min de lectura
Las fiestas, los regalos y la nueva familia

Versión en inglés · traducción en preparación

Este artículo aún está en inglés. La traducción al español está en preparación.

Las fiestas, los regalos y la nueva familia

Módulo 11 · Nuevas parejas y familias reconstituidas · Artículo 09 · Wave 3 · todas las edades


Se acerca la gran celebración del año y este año el mapa está más enredado que el anterior. Está tu casa. Está la otra casa, que ahora incluye a una nueva pareja, y a lo mejor a los hijos de esa pareja, y a lo mejor a toda una familia extendida que ni conoces. Tu peque va a pasar por varias celebraciones, varias mesas, varios montones de regalos. Y en algún punto de toda esa organización, una vocecita competitiva pregunta si tu celebración va a estar a la altura de la de ellos.

Las fiestas y los grandes eventos del año son justo donde las familias reconstituidas se vuelven más visibles, y más cargadas. El elenco se amplía, las celebraciones se multiplican, aparecen las dinámicas de regalos, y todo eso puede convertir una temporada pensada para el cariño en una temporada de llevar la cuenta en silencio. Este artículo trata de mantener el foco donde debe estar: en un peque que puede disfrutar de todo, en lugar de en una competencia entre las dos casas.

El principio es este. Que tu peque tenga más gente que lo celebra y más mesas donde sentarse es, para él, abundancia. En el momento en que los adultos lo convierten en competencia, esa abundancia se echa a perder y se vuelve una prueba de lealtad. Que siga siendo abundancia es todo el trabajo.

La trampa de la competencia de regalos

La trampa más común es la carrera de regalos. En la otra casa, quizá con los recursos que suma la nueva pareja, dan un regalo más grande, más llamativo. Las ganas de igualarlo, de dar todavía más, de asegurarte de que tu regalo sea el que tu peque recuerde, son fuertes y casi universales.

Vale la pena ver la trampa con claridad. Una competencia de regalos es a los adultos usando los obsequios para competir por el cariño de un hijo, y los niños sienten la dinámica aunque no sepan ponerle nombre. Al peque que percibe que en el fondo los regalos tienen que ver con qué casa lo quiere más, o con qué casa va ganando, se le entrega una angustia justo a la mitad de lo que debería ser un momento feliz. El regalo caro que compras para no quedarte atrás en realidad no es para tu peque. Es una jugada en un juego donde él nunca entró.

La salida es desligar por completo lo que tú das de lo que dan ellos. Da lo que le queda a tu peque y lo que te alcanza, no lo que responde al regalo de la otra casa. Si este año en la otra casa dan el regalazo, eso no te obliga a igualarlo. Que tu regalo sea pensado y sea tuyo importa más para la relación que el que sea el más grande. Los niños recuerdan a quien los conocía, no a quien gastó más que la otra casa.

Donde se puede y el canal lo permite, una coordinación ligera ayuda. Un mensaje rápido para que las dos casas no compren lo mismo, o para dividir un regalo más grande que tu peque quiere, convierte la posible competencia en simple cooperación. No toda relación de crianza compartida logra hacer esto. Donde la tuya sí puede, le ahorra al peque los regalos repetidos y les ahorra a las dos casas la carrera.

La pregunta de las muchas celebraciones

Un peque en una familia reconstituida muchas veces termina con varias versiones de la misma celebración. Una en tu casa, una en la otra casa, quizá una con la familia extendida de la nueva pareja. A veces los papás se preocupan de que esto sea confuso o demasiado para el peque.

Para la mayoría de los niños no es un problema. Los niños se adaptan con facilidad a varias celebraciones y tienden a vivirlas más como algo bueno que como una carga, siempre y cuando los adultos no se las llenen de tensión. Dos pasteles de cumpleaños no son ningún sufrimiento para un peque de siete años. Varias reuniones a lo largo de una temporada de fiestas son, para un niño, casi siempre más diversión y más gente contenta de verlo.

Lo que la echa a perder es la tensión de los adultos puesta encima. La celebración donde uno de los papás interroga al peque sobre la otra celebración. La reunión donde el niño siente que tiene que minimizar cuánto disfrutó la otra. El calendario peleado con tanta amargura que el peque llega a la fiesta ya tenso de antemano. Que haya muchas celebraciones está perfecto. La tensión alrededor es lo que hace daño.

Así que el trabajo es, sobre todo, dejar que cada celebración sea algo bueno por sí mismo. Cuando tu peque regrese lleno de historias de la celebración de la otra casa, recíbelas con calidez. Qué padre suena, me da muchísimo gusto. Esto le da permiso al peque de disfrutar cada mesa donde se sienta, que es justo el sentido de tener más mesas.

La gente de la nueva familia

Una nueva pareja muchas veces llega con su propia gente. Sus hijos, sus papás, su familia extendida. En las fiestas, tu peque puede encontrarse metido entre todo un conjunto nuevo de parientes, con sus propias tradiciones, sus propias reuniones, sus propias maneras de vivir la temporada.

Esto puede mover algo dentro de ti, la sensación de que tu peque se está integrando a una familia que no es la tuya, celebrando de formas en las que tú no participas. El sentimiento se entiende. La forma de replantearlo es la del Fondo, el conjunto de personas y recursos que rodea a tu peque. Más gente que lo incluye, que le hace un lugar en la mesa, que lo celebra, es una expansión de la red de cuidado alrededor de tu peque, no una dilución de tu familia.

Tu peque puede pertenecer en la mesa de la familia de la nueva pareja y en la tuya. Estas no compiten entre sí, igual que el cariño de tu peque por un abuelo no compite con el cariño que te tiene a ti. Un niño al que reciben con cariño en una familia más grande durante las fiestas es un niño con suerte, aun cuando esa familia más grande haya nacido de una separación que nadie quería.

La parte de los hermanastros, donde los hijos de la nueva pareja y los tuyos van encontrando cómo compartir celebraciones, tiene su propio camino largo, y se trata en el artículo sobre hermanastros que aparece antes en este mismo módulo. En las fiestas, en concreto, lo principal es la paciencia. Las celebraciones de las familias reconstituidas tardan años en encontrar su ritmo. Las primeras pueden ser medio incómodas. Eso es normal, no una señal de fracaso.

Coordinar en el mapa ampliado

La parte práctica de las fiestas en una familia reconstituida es más enredada que la versión de dos casas, simplemente porque hay más piezas en movimiento. Más casas que quieren tiempo, más eventos, más calendarios que ir cuadrando.

Hay algunas cosas que lo mantienen manejable. Planea con tiempo, porque el mapa ampliado necesita más margen para coordinarse. Cuando aparezcan las tensiones de calendario que siempre aparecen, pon como prioridad la experiencia de tu peque, no que el reparto entre los adultos sea parejo. Y mantén la coordinación en el canal con la otra casa, en tono práctico y mirando hacia adelante, en vez de dejar que se vuelva un referéndum sobre el lugar que reclama la nueva familia.

La mecánica detallada para organizar las fiestas está en el Módulo 18 (Vacaciones y eventos escolares). Aquí, la nota específica para las familias reconstituidas es nada más que más celebraciones significan más planeación, y que vale la pena hacer esa planeación con calma y por adelantado, porque una temporada peleada hasta el último minuto es una temporada que el peque pasa tenso.

La frase que te llevas

Las fiestas en una familia reconstituida traen un elenco más grande y un jalón más fuerte hacia la competencia, sobre todo con los regalos. La manera de salir adelante es desligar lo que tú das de lo que dan ellos, dejar que cada celebración sea algo bueno por sí mismo y tratar a la gente de la nueva familia como una expansión de la red de cuidado de tu peque, no como una amenaza a tu propia familia. Que tu peque tenga más mesas donde sentarse es abundancia, siempre y cuando los adultos no lo conviertan en una prueba.

Da lo que le queda a tu peque, recibe con calidez sus historias de las otras celebraciones y deja que la temporada sea, para él, simplemente plena.

Un niño con más gente contenta de celebrarlo es un niño rico, no un niño dividido, a menos que los grandes le enseñen lo contrario.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional cualificado. Si tú o tu hijo o hija podéis estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu zona.