dip
Módulo 13 · Conducta y regulación emocional

El patrón de 'espérate a que llegue tu papá'

By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

4–78–126 min de lectura
El patrón de 'espérate a que llegue tu papá'

Versión en inglés · traducción en preparación

Este artículo aún está en inglés. La traducción al español está en preparación.

El patrón de 'espérate a que llegue tu papá'

Módulo 13 · Conducta y regulación emocional · Artículo 15 · Wave 3 · 4-7, 8-12


Es una frase de otra época de la crianza, pero el patrón sigue vivito y coleando en las familias separadas, muchas veces con una cara nueva. Una de las dos casas, casi siempre la que siente que carga con la parte más pesada de poner límites, empieza a dejarle los momentos difíciles a la otra. Espérate a que tu papá se entere de esto. Le voy a contar a tu mamá cuando pase por ti. Eso lo arreglas con tu papá. La disciplina se manda a quien no está en el cuarto, y se arma una dinámica rara en la que ninguna de las dos casas termina de sostener su propia autoridad.

En las familias separadas esto puede correr en los dos sentidos y tomar varias formas. La casa del día a día, agotada, que amenaza con la reacción de la otra. La casa del fin de semana, que no quiere ser la mala del cuento y le regresa todo a la casa principal. Quien siente que va perdiendo en el terreno de los límites y le pide prestada la autoridad a la otra casa para que el niño obedezca. Debajo de todas las versiones está el mismo problema de fondo: la disciplina que le toca a la casa donde pasan las cosas se está exportando a alguien que no está ahí, y no funciona, por razones que vale la pena entender.

Por qué la disciplina exportada no funciona

Dejarle la disciplina a quien está ausente les falla a los hijos por varias razones que están conectadas, y todas tienen que ver con cómo funcionan de verdad la autoridad y las consecuencias para un niño.

El tiempo no cuadra. Los niños, sobre todo los más chicos, necesitan que las consecuencias y las respuestas lleguen cerquita del comportamiento. Una consecuencia que llega horas o días después, cuando la otra casa lo recibe, queda desconectada del momento que la provocó. El niño ya pasó a otra cosa; la respuesta le cae a un niño distinto, en otro estado. La disciplina aplazada se pierde la ventana, justo la edad y el momento en que de verdad podría enseñar algo.

La autoridad se fuga. Cuando le pasas el asunto a la otra casa, en el fondo le estás diciendo al niño que tú no tienes autoridad en tu propia casa, que el poder de verdad vive con quien no está presente. Eso desgasta tu lugar frente a tu peque. Quien solo puede hacer valer las cosas invocando a la otra casa ya regaló su propia autoridad, y los niños lo sienten al instante. La casa donde poner límites siempre es trabajo de alguien más se vuelve una casa sin una autoridad confiable presente.

Le echa veneno a la otra casa. Pintar a quien está ausente como el que hace cumplir, el que trae las consecuencias, el que hay que temer, lo deja en el papel del malo y contamina la relación del niño con esa persona. El fin de semana que debería ser para reconectar se vuelve el momento en que se entrega toda la disciplina acumulada. El niño aprende a asociar a una casa con el cariño y a la otra con el castigo, lo cual no le sirve a nadie y daña el lazo del niño con quien quedó del lado del castigo.

Y deja al niño en medio. Una disciplina que va y viene entre las dos casas convierte al niño en el mensajero de los problemas entre sus papás, que es justo el lugar del que toda esta biblioteca trabaja por sacar a los hijos.

Cada casa sostiene su propia disciplina

El principio que arregla esto es fácil de decir y cuesta vivirlo. Cada casa sostiene su propia autoridad y maneja sus propios momentos, en el momento, por sí misma.

Esto quiere decir que cuando algo pasa en tu casa, lo atiendes en tu casa, ahora, con tu propia respuesta. No lo guardas para la otra casa, no amenazas con su reacción, no exportas la consecuencia. El comportamiento pasó estando contigo, y resolverlo te toca a ti, ahí mismo. Del mismo modo, la otra casa maneja sus propios momentos. Cada quien es la autoridad completa en su propia casa, sosteniendo las expectativas del día a día y las respuestas a ellas, sin pedir prestado el poder del otro ni descargarse en él.

Esto no significa que las dos casas nunca se coordinen. Para los asuntos serios y que vienen de tiempo atrás, lo más seguro es que platiquen, por el canal que comparten, sobre un enfoque parejo, tal como lo explica el Módulo 15 (Disciplina, reglas y valores). Pero los momentos del día a día los maneja quien está presente, en el momento, con su propia autoridad. Coordinarse en los patrones grandes, sí. Exportar los momentos diarios, no.

Para quien siente que va perdiendo, que recurre a la autoridad de la otra casa porque la suya no le parece suficiente, la respuesta no es pedir prestado más poder. Es construir el propio. Se puede sostener autoridad en la propia casa sin importar lo que haga la otra, con respuestas constantes, en calma y presentes a lo que pasa enfrente. Esa autoridad crece cuando se usa, no cuando se pide prestada. Cada vez que manejas tu propio momento por ti mismo, tu lugar frente a tu peque se fortalece. Cada vez que lo aplazas, se debilita.

Cómo deshacer el patrón

Si el patrón de 'espérate a que llegue tu papá' ya se instaló, se puede deshacer. La reparación está en empezar a sostener tu propia autoridad, en el momento, en tu propia casa, y dejar de invocar a la otra casa o de regresarle las cosas del día a día.

Al principio puede sentirse más difícil, sobre todo si llevas un rato apoyándote en la autoridad de la otra casa, porque estás reconstruyendo un lugar que dejaste resbalar. Puede que tu peque lo ponga a prueba, porque aprendió que las consecuencias de verdad vienen de otro lado. Pero conforme manejas tus propios momentos por ti mismo, con calma y de forma confiable, tu autoridad en tu propia casa se reconstruye y el patrón se va apagando. El niño aprende que esta casa también tiene a alguien que sostiene las cosas, y eso lo tranquiliza aunque en el momento sea menos cómodo.

También ayuda platicar con la otra casa para terminar el patrón desde los dos lados, para que ninguna esté exportándole la disciplina a la otra. Dos casas que cada una sostiene su propia autoridad, y que se coordinan nomás en lo grande, le dan al niño dos fuentes confiables de estructura en lugar de una que castiga y otra que aplaza. Ese es un mundo más seguro para el niño y un acuerdo más justo para los dos.

La frase que te llevas

El patrón de 'espérate a que llegue el otro' en todas sus formas le exporta la disciplina a quien no está en el cuarto, y les falla a los hijos porque el tiempo no cuadra, la autoridad de quien sí está presente se va fugando, a quien está ausente lo pintan como el verdugo, y el niño termina en medio. El arreglo es que cada casa sostenga su propia autoridad y maneje sus propios momentos, en el momento, por sí misma, coordinándose en los patrones grandes que vienen de tiempo atrás, pero sin exportar nunca las consecuencias del día a día. Para quien siente que va perdiendo, la respuesta es construir su propia autoridad con respuestas presentes y constantes, no pedir prestada la de la otra casa. El patrón se puede reparar recuperando tu propio lugar en tu propia casa.

La disciplina le pertenece a la casa donde pasan las cosas. Sostén tus propios momentos por ti mismo, y le das a tu peque una casa con una autoridad confiable presente, en lugar de una que siempre está señalando hacia la casa de allá.

El momento es tuyo para sostenerlo, en tu casa, ahora. Deja de señalar a la otra casa, y tu peque tendrá dos casas que se sostienen cada una por sí sola.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional cualificado. Si tú o tu hijo o hija podéis estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu zona.