dip
A Year And Beyond

Cuando a los hijos no les cae bien

By the dip team · 12 min de lectura

Cuando a los hijos no les cae bien

Versión en inglés · traducción en preparación

Este artículo aún está en inglés. La traducción al español está en preparación.

Etapa 3 · Un año y más allá · Artículo 105 · Wave 2 · Tender


Ya les presentaste tu nueva pareja a tus hijos. Ya la conocen, la han visto varias veces. Del lado tuyo, la relación ha ido avanzando con normalidad. La de tus hijos con esa persona, no. Son educados cuando está presente. No preguntan por ella cuando no está. La semana pasada uno de ellos dijo algo punzante que no te has podido sacar de la cabeza desde entonces. La versión honesta es que esta persona no les cae bien, y te toca averiguar qué hacer.

Este artículo trata de los cuatro tipos de rechazo, de lo que conviene escuchar en el porqué de que tu pareja no les caiga bien, de la conversación que hay que tener con tus hijos, de la conversación que hay que tener con tu pareja, y de cómo saber cuándo la relación y tus hijos de verdad no son compatibles.

Los cuatro tipos de rechazo

No todos los rechazos son iguales. Identificar con cuál estás lidiando cambia lo que conviene hacer.

Tipo 1: rechazo por ajuste

Tu pareja no les cae bien porque es alguien nuevo. La presencia de un adulto nuevo en la vida de su mamá o de su papá les incomoda, sin importar quién sea ese adulto. Serían igual de fríos con cualquiera que les presentaras.

Cómo reconocerlo: su rechazo es genérico. No tienen quejas concretas. Se comportan con tu pareja parecido a como se comportarían con cualquier persona nueva en tu vida. El tiempo y la integración poco a poco suelen suavizar este tipo.

Qué hacer: sigue con el trabajo de integración despacio. No los empujes a que les caiga bien. La mayoría del rechazo por ajuste se va entre los seis y los doce meses, conforme tu pareja se vuelve algo familiar.

Tipo 2: rechazo por lealtad

Tu pareja no les cae bien porque quererla se siente como una traición: al matrimonio, a su otra mamá o a su otro papá, a la familia que solían tener. El rechazo no es hacia la persona; es hacia lo que querer a esa persona significaría.

Cómo reconocerlo: son educados pero distantes. A veces mencionan a propósito a la otra casa cuando tu pareja está presente. A veces se ven más tristes que enojados cuando está cerca. Puede que le cuenten de la existencia de tu pareja a la otra casa de formas que delatan ese jalón de lealtad.

Qué hacer: nombra con calma lo que está pasando por debajo, en privado. Creo que a lo mejor se te hace difícil que [Nombre] te caiga bien por cómo se podría sentir la otra casa. Tienes permiso de tener una relación con [Nombre] que no tenga nada que ver con la otra casa. No te estoy pidiendo que elijas. Y luego déjalo ahí. No insistas en resolverlo.

Tipo 3: rechazo específico

A tus hijos no les caen bien cosas puntuales de tu pareja. Es muy ruidosa. Hace demasiadas preguntas. Se esfuerza de más. Ocupa demasiado espacio. El rechazo apunta a conductas que se pueden ver.

Cómo reconocerlo: cuando preguntas, te pueden decir cosas concretas. Siempre me anda preguntando de la escuela. Se ríe de cosas que no son chistosas. Quiere chocarme la mano a cada rato. Las quejas son concretas.

Qué hacer: toma las quejas en serio. La lectura que los niños hacen de las conductas de los adultos suele ser certera. Quizá tu pareja necesite ajustar la forma en que se relaciona. La conversación con tu pareja sobre ese ajuste suele salir mejor de lo esperado si la planteas con cuidado.

Tipo 4: rechazo certero

Tu pareja no les cae bien porque de verdad hay algo que no anda bien. Tu pareja los desdeña cuando tú no estás viendo. Suelta comentarios chiquitos que los minimizan. Tiene conductas sutiles contigo que tus hijos notan antes que tú.

Cómo reconocerlo: la lectura de tus hijos se vuelve más nítida con el tiempo, en vez de suavizarse. Las quejas tienen un patrón. La conducta de tu pareja cambia según estés tú presente o no. Otras personas en tu vida (de vez en cuando) empiezan a expresar preocupación.

Qué hacer: confía en su lectura. A veces los hijos son los primeros en notar cosas que tú llevas tiempo convenciéndote de no ver. Este es el tipo más serio, y la respuesta es de peso. Lo vemos con honestidad en la sección sobre la relación, más abajo.

La mayoría de las situaciones entre madre o padre, pareja e hijos involucran uno o dos de estos tipos, a veces encimados. La primera tarea es averiguar cuál tipo, o cuáles, están operando.

Qué escuchar en el porqué de que no les caiga bien

La manera de averiguar con qué tipo de rechazo estás lidiando es escuchar con atención lo que tus hijos de verdad dicen. No la respuesta de superficie a ¿te cae bien?, sino las señales de fondo.

Cinco cosas que conviene escuchar.

1. Qué tan específicos son

Las quejas vagas (es molesto, es raro) suelen ser de ajuste o de lealtad. Las quejas específicas (siempre hace tal cosa, dijo tal otra) suelen ser rechazo específico o certero.

Entre más específica la queja, más peso carga el rechazo.

2. Si se repiten

Una queja suelta muchas veces es del momento. La misma queja a lo largo de semanas o meses es una señal. Los patrones en lo que describen son información.

Si el mismo tema aparece una y otra vez (no me hace caso de verdad, siempre cambia de tema cuando hablo), tómalo en serio.

3. El lenguaje corporal

Lo que dicen con palabras es un canal. Lo que hace su cuerpo cuando tu pareja está cerca es otro, a veces más certero. Fíjate en: que se pongan tensos cuando tu pareja entra al cuarto, que busquen pretextos para salirse cuando llega, que se achiquen (hablan menos, se ríen menos) en su presencia.

Las reacciones del cuerpo son más difíciles de fingir que las palabras. Si tu peque dice me cae bien pero su cuerpo dice otra cosa, hazle caso al cuerpo.

4. Cómo le describen tu pareja a otros

Escucha cómo describen tus hijos a tu pareja con sus amigos, con la familia, con la otra casa. Lo que le cuentan a un tercero suele ser más honesto que lo que te dicen a ti de frente.

No puedes acomodar las cosas para alcanzar a oírlo. Cuando salga de forma natural, pon atención.

5. Lo que no dicen

Algunas de las señales más importantes están en la ausencia. Tus hijos no preguntan por tu pareja. No traen a cuento momentos que pasaron juntos. No la incluyen en lo que cuentan de su semana.

Que no la mencionen es, por sí mismo, una forma de evidencia. Tómalo en serio.

La conversación que hay que tener con tus hijos

Tarde o temprano suele hacer falta una conversación directa. Tres principios para tenerla.

Principio 1: a solas, sin presión

No en la cena familiar. No frente a tu pareja. No mientras haces otra cosa. Un momento puntual que sean nomás tú y tu peque, con espacio suficiente para que hable con honestidad.

Un trayecto en el carro, una caminata, una noche tranquila: estos suelen funcionar mejor que las pláticas formales armadas a propósito. Entre menos formal, más honestas tienden a ser las respuestas.

Principio 2: preguntas abiertas, no preguntas dirigidas

Bien: ¿Cómo te sientes con que [Nombre] esté más seguido por aquí? Mal: Te cae bien [Nombre], ¿verdad?

Bien: ¿Cómo es para ti cuando viene? Mal: ¿Estás bien con que venga?

Las preguntas dirigidas invitan a tranquilizarte. Las preguntas abiertas invitan a la honestidad.

Principio 3: recibe sin discutir

Diga lo que diga, recíbelo. No defiendas a tu pareja. No le des otra forma a lo que vivió. No trates de convencerlo de que su lectura está equivocada.

Si dice algo que te sorprende, quédate un momento con eso. Me sirve mucho saberlo. Gracias por contármelo. Si dice algo con lo que no estás de acuerdo, no tienes que darle la razón, pero tampoco tienes que pelearlo.

La conversación es para tener información, no para resolver. Lo de resolver viene después.

La conversación que hay que tener con tu pareja

Después de recoger información de tus hijos, por lo general necesitas tener una conversación con tu pareja. Toma tres formas, según el tipo de rechazo.

Para el rechazo por ajuste

A los niños les está tomando tiempo agarrar confianza contigo. Es normal. Sigamos con lo que estamos haciendo y no los presionemos. Van a llegar a su propio ritmo.

Esta no es realmente una conversación de problema. Es un ajuste de expectativas. Tu pareja necesita saber que la integración lenta es el trabajo, no una falla.

Para el rechazo específico

He estado escuchando a los niños sobre cómo viven el tiempo contigo. Mencionaron unas cuantas cosas concretas [enlistas 2 o 3]. ¿Podemos ver cómo ajustar algo de eso?

Esta es la conversación más difícil. Tu pareja puede sentirse criticada. Empieza desde el respeto hacia ella, plantea la lectura de tus hijos como información y propón ajustes en vez de exigencias.

La mayoría de las parejas, si se les tiene esta conversación con respeto, se ajustan. Algunas no pueden o no quieren. Eso también es información.

Para el rechazo certero

Esta es la conversación más seria. Tus hijos captaron algo real. Tu pareja necesita saber qué se ha observado.

No entres con acusaciones. Entra con observaciones específicas. Los niños han mencionado que haces [algo concreto] cuando yo no estoy en el cuarto. Quiero entender qué está pasando. Y luego escucha.

Algunas parejas oyen esta conversación y se ajustan. Algunas no. Algunas se ponen a la defensiva de formas que confirman la lectura de tus hijos. La respuesta de tu pareja es, en sí misma, reveladora.

Cuando la relación y tus hijos de verdad no son compatibles

En un grupo pequeño pero real de casos, la relación y tus hijos no son compatibles. Tu pareja no puede o no quiere ajustarse. El rechazo de tus hijos sigue igual o se intensifica. El roce es de fondo, está en la estructura misma.

Cuando esto es así, tu pareja no puede quedarse en tu vida en el lugar en que está. Es duro de mirar de frente, pero esa es la regla que aplica.

Tres principios.

1. Tus hijos van primero

No porque sean más importantes que tu felicidad. Porque ellos no eligieron esta situación, y tú sí. La asimetría en quién pudo elegir crea la asimetría en la prioridad.

Si la relación obliga a tus hijos a vivir con un daño que no para, la relación no puede seguir en el nivel en que está.

2. No trates de aguantar a costa de tus hijos

Si la angustia de tus hijos por tu pareja es constante y de peso, esperar más tiempo no suele ayudar. Entre más se alarga, más les cuesta. Actuar antes suele costar menos que actuar después.

3. Terminar o reacomodar la relación es una opción real

A veces lo correcto es terminar la relación. A veces lo correcto es reacomodarla (tu pareja no convive con los niños, la ves fuera de casa, la relación sigue con otra forma).

Las dos son opciones reales. Cualquiera de las dos es difícil. Ninguna es un fracaso. Hay relaciones que no embonan con la vida que en realidad estás viviendo.

Cuando sientes la tentación de pasar por encima de tus hijos

Hay una tentación particular que vale la pena nombrar. La relación se siente bien para ti. Tu pareja está cubriendo necesidades que habías olvidado que tenías. La resistencia de tus hijos se siente como un estorbo.

Cuando estás en ese estado, la tentación es pasar por encima de su rechazo. Empujarlos más fuerte a convivir con tu pareja. Plantear su rechazo como algo que tienen que superar. Usar tu autoridad para que obedezcan.

No lo hagas.

Pasar por encima del rechazo de tus hijos hacia una nueva pareja es una de las cosas más dañinas que puedes hacer en esta etapa. El costo aparece después: en la adolescencia, en la relación que tendrán contigo de adultos, en su capacidad de confiar en su propia lectura de la gente. Pasar por encima tiene consecuencias largas que no se ven en el momento.

Si te descubres con ganas de pasar por encima, eso es una señal. O la relación se te volvió más importante que el bienestar de tus hijos (lo cual hay que revisar), o estás corto de recursos de alguna forma que la relación está compensando (lo cual hay que atender por separado).

De cualquier modo, pasar por encima no es la respuesta.

Qué hacer si poco a poco te aceptan a tu pareja

Vale la pena ofrecer algo que tranquilice. La mayoría de las relaciones entre pareja e hijos tarde o temprano se asientan en algo funcional, incluso cuando el inicio es difícil.

De seis a doce meses de integración paciente y lenta suelen producir un equilibrio funcional, aun con resistencia al principio. No amor. No cercanía. Nomás algo que funcione.

Si la relación es la correcta, y la pareja es la correcta, y la integración se lleva a un ritmo adecuado, la resistencia de tus hijos suele suavizarse. No siempre, pero seguido.

El trabajo de esta etapa es mantener el ritmo lento, tomar en serio las señales de tus hijos, ajustar la forma de la relación cuando haga falta, y dejar que el tiempo haga lo suyo. El punto final suele estar bien. Solo el tramo de en medio se siente incómodo.

Referencia rápida

Cuatro tipos de rechazo:

  1. Rechazo por ajuste (genérico, se va con el tiempo).
  2. Rechazo por lealtad (sobre lo que querer a la persona significaría).
  3. Rechazo específico (quejas concretas sobre conductas).
  4. Rechazo certero (los hijos captan algo real).

Cinco cosas que conviene escuchar en el porqué de que no les caiga bien:

  1. Qué tan específicas son las quejas.
  2. Si los temas se repiten.
  3. El lenguaje corporal frente a lo que dicen.
  4. Cómo le describen tu pareja a otros.
  5. Lo que no dicen (que no la mencionen).

Conversación con tus hijos, tres principios:

  1. A solas, sin presión.
  2. Preguntas abiertas, no preguntas dirigidas.
  3. Recibe sin discutir.

Conversación con tu pareja, tres formas:

  • Por ajuste: ajuste de expectativas, no conversación de problema.
  • Específico: con respeto, plantéalo como información, propón ajustes.
  • Certero: observaciones específicas, escucha la respuesta, la respuesta es en sí misma reveladora.

Cuando la relación y tus hijos de verdad no son compatibles:

  1. Tus hijos van primero (la asimetría en quién pudo elegir crea la asimetría en la prioridad).
  2. No trates de aguantar a costa de ellos.
  3. Terminar o reacomodar la relación es una opción real.

Nunca pases por encima del rechazo de tus hijos hacia una nueva pareja: tiene consecuencias a largo plazo.

Qué hacer si poco a poco te aceptan a tu pareja:

  • La mayoría de las relaciones entre pareja e hijos terminan asentándose en algo funcional.
  • De seis a doce meses de integración paciente y lenta suelen producir un equilibrio.
  • El tramo de en medio es incómodo; el punto final suele estar bien.

La lectura que tus hijos hacen de tu pareja es información, no ruido. Puedes estar enamorado de alguien y aun así escuchar lo que tus hijos te están diciendo de esa persona.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional cualificado. Si tú o tu hijo o hija podéis estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu zona.