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Cuando los hijos preguntan por Dios o por el espíritu o por el porqué

By the dip team · 10 min de lectura

Cuando los hijos preguntan por Dios o por el espíritu o por el porqué

Versión en inglés · traducción en preparación

Este artículo aún está en inglés. La traducción al español está en preparación.

Etapa 3 · Un año en adelante · Artículo 78 · Wave 3


Las preguntas llegan en momentos que no esperas. Mamá, ¿Dios todavía los quiere a ti y a papá? Si rezamos, ¿las cosas van a volver a ser como antes? ¿Por qué pasó esto si Dios es bueno? Las preguntas religiosas de los hijos durante y después de la separación son distintas a las preguntas sobre dónde vive cada quien del Artículo 03, y distintas a las preguntas de los hijos de tus amistades del Artículo 114. Estas son preguntas de sentido, hechas por tus propios hijos, y muchas veces tienen que ver con el marco de creencias en el que los has venido criando. La forma en que respondes importa, porque en parte ellos van formando su propia relación con ese marco a través de lo que tú les contestas.

Este artículo trata de lo que tus hijos en realidad están preguntando, las cuatro categorías comunes de pregunta, qué decir de un modo que sea honesto sin echarles encima más de lo que pueden cargar, cómo manejar las preguntas cuando tu propia fe está fracturada, cómo manejarlas cuando tu fe se hizo más profunda, y qué hacer cuando te preguntan eso que no sabes contestar.

Lo que tus hijos en realidad están preguntando

La pregunta literal es religiosa. La pregunta de fondo casi siempre es algo muy suyo, muy específico de ellos.

Cuatro cosas comunes por debajo.

1. Quieren la tranquilidad de que el marco sigue funcionando. La separación les sacudió su sentido de orden. Si Dios, o el dharma, o esa estructura moral profunda sigue funcionando, entonces el mundo sigue siendo confiable. La pregunta está revisando si el marco todavía se sostiene.

2. Están tratando de entender qué pasó. Los niños usan el marco para darle sentido a lo que sucede. Ese marco se suponía que ordenaba el matrimonio, la familia, la manera en que van las cosas. La separación no encajó. Su pregunta es parte de irse explicando cómo el marco da cuenta de algo que no encaja.

3. Están probando qué les está permitido pensar. Los niños se fijan mucho en qué preguntas toleran sus papás. Preguntar es, en parte, tantear si esta pregunta se puede hacer, y cómo va a ser la respuesta.

4. Están manejando su propio estado emocional a través del marco. Para los niños que tienen una fe activa propia, el marco es un recurso. La pregunta a veces es parte de usar ese recurso para sobrellevar lo que están sintiendo.

La buena respuesta atiende la pregunta de fondo sin dar un sermón. Breve, honesta, ajustada a la edad.

Las cuatro categorías comunes de pregunta

Las preguntas religiosas tienden a agruparse.

Categoría 1: las preguntas sobre la justicia

¿Por qué Dios dejó que esto pasara? ¿Es un castigo? ¿Somos malos?

Estas tienen que ver con la justicia y con la relación entre el marco y el sufrimiento. La pregunta es difícil porque la respuesta del marco sobre el sufrimiento suele ser la parte más espinosa de cualquier tradición.

Qué decir: breve, honesto, sin fingir que tienes una respuesta que no tienes. No creo que sea un castigo. Creo que a veces pasan cosas difíciles y no siempre sabemos por qué. A las personas se las sigue queriendo aun en lo difícil. Para un marco específicamente religioso: Dios no hace que las familias se separen. Lo hacen las personas, a veces, cuando seguir juntos sería peor. A nosotros no nos castigaron.

Categoría 2: las preguntas de si todavía

¿Dios todavía quiere a mamá aunque se haya ido? ¿Papá todavía va al cielo? ¿Todavía vamos a ir a [el lugar de la tradición]?

Estas tienen que ver con si las promesas buenas del marco todavía aplican para tu familia en su nueva forma. Casi siempre nacen de una preocupación concreta que tus hijos absorbieron de algún lado: lo que enseña tu tradición, cosas que alguien dijo, cosas que les han dado vueltas.

Qué decir: una tranquilidad clara. Sí. Dios nos sigue queriendo a los dos. Nada de la separación cambia eso. O la versión equivalente en los términos de tu tradición. No te extiendas; la tranquilidad es el punto.

Categoría 3: las preguntas de si esto lo arregla

Si rezo bien fuerte, ¿tú y papá van a volver a estar juntos? Si me porto rebien, ¿Dios va a hacer que esto pare?

Estas tienen que ver con si el marco puede deshacer lo que ya pasó. Dejan ver la esperanza del niño de que el marco tiene un poder al que puede acceder con esfuerzo.

Qué decir: honesto, cariñoso, sin aplastar nada. Rezar es bueno y sirve para muchas cosas. Pero no hace que dos personas que decidieron vivir separadas vuelvan a vivir juntas. Para eso no es rezar. Cuídate de no echar abajo su relación con el rezo o con la práctica; nomás aclara qué sí puede y qué no.

Categoría 4: las preguntas más grandes

¿Por qué existe el dolor? ¿Qué pasa cuando las familias se rompen? ¿Qué dice nuestra religión del divorcio?

Estas son preguntas religiosas más grandes que a veces se destapan con la situación. El niño se está metiendo con el marco a un nivel más hondo que antes.

Qué decir: un marco breve, y luego la invitación a seguir platicando. Esa es una pregunta grande. Cada tradición la responde distinto. La nuestra dice [versión breve y honesta]. Podemos seguir platicando de esto. No sueltes una conferencia; lo que necesitan es la puerta abierta.

Cómo ser honesto sin echarles más de lo que pueden cargar

Cinco principios.

1. Ajusta la respuesta a su edad

Un niño de seis años necesita un vocabulario religioso distinto al de uno de catorce. No trates de entregarle una doctrina que todavía no puede sostener. Y no seas vago donde sí podría entender lo concreto.

Ese ajuste a la edad es la misma habilidad de los Artículos 03 y 114. Aquí el contenido es otro; el ajuste es parecido.

2. No finjas una certeza que no tienes

Si no sabes por qué Dios dejó que pasara, no digas que sí sabes. No sé del todo por qué es honesto y no le hace daño a su fe. Fingir certeza levanta una fe construida sobre una mentira, que es más frágil que una fe construida sobre una incertidumbre reconocida.

3. No los metas en tu propio proceso religioso

Tu relación con el marco, ya sea que se esté haciendo más profunda, que se esté fracturando, o que esté a medio camino, no es contenido para ellos. No le digas a tu peque que ya no estás seguro de Dios. No le cuentes cómo te ha fallado la tradición. Ellos están formando su propia relación; que la tuya no sea el proyecto en el que les toca trabajar.

4. Deja la puerta abierta

La mayoría de las preguntas religiosas no se contestan en una sola plática. Podemos seguir hablando de esto deja la puerta abierta. El niño regresa a las mismas preguntas a lo largo de meses y de años.

5. Anímate a decir no sé

Esta es la más difícil para muchos. Decir no sé, esa también es una pregunta que yo me he hecho a veces es la respuesta más honesta. Además le enseña al niño que los adultos no tienen por qué tenerlo todo resuelto, lo cual ya es de por sí una buena lección de fe.

Cuando tu propia fe está fracturada

Si tu relación con el marco está fracturada (Artículo 76), las preguntas de tus hijos se vuelven más difíciles. Tu respuesta honesta no está del todo disponible. Tres principios.

1. No les pases la fractura

Pase lo que pase con tu propia fe, no metas a tus hijos en eso. Yo ya no creo en nada de eso, dicho a un niño que sigue metido y activo en la tradición, le hace daño. Su fe no tiene por qué fracturarse solo porque la tuya se fracturó.

2. Mándalos con otros recursos

Si desde donde estás ahorita no puedes contestar la pregunta, mándalos con quien sí pueda. La otra casa, si ahí se sostiene la tradición. Una persona de confianza dentro de la comunidad. Un maestro en particular. Su clase de religión en la escuela, si viene al caso. Esa es buena pregunta para [persona]. Ahorita ella te la puede platicar mejor que yo.

3. Sé honesto sobre tus límites, pero sin entrar en detalles

A un niño se le puede decir estoy pasando por un momento difícil con mi propia fe, pero quiero que la tuya se quede fuerte sin contarle de qué se trata la fractura. Eso es honesto, es apropiado para su edad, y lo protege de un material que no le toca procesar.

Cuando tu fe se hizo más profunda

Si tu relación con el marco se hizo más profunda (Artículo 75), las preguntas de tus hijos se sienten distintas. Tu respuesta honesta sí está disponible. Dos principios.

1. No conviertas esa hondura en una lección

La tentación, cuando tu propia fe se hizo más profunda, es ponerte a enseñar de más. Resístela. Respuestas breves. La hondura se nota en la calidad de la respuesta, no en su largo.

2. No amarres tu hondura a la separación en la cabeza de ellos

Yo salí de este momento difícil con una fe más fuerte y a ti te va a pasar lo mismo le pone al niño la presión de producir también una hondura. Tal vez sí, tal vez no; esa hondura no se produce por encargo. Que tu experiencia sea tuya; que la de ellos sea de ellos.

Qué hacer cuando te preguntan eso que no sabes contestar

A veces la pregunta de verdad rebasa lo que puedes contestar. ¿Por qué tenía que pasar esto?, preguntado por un niño cuyo dolor no puedes arreglar.

Tres cosas para hacer.

1. Quédate con la pregunta, junto a ellos

No te apures a contestar. La pregunta es, en parte, una manera de sacar el dolor. Quedarte con ese dolor, físicamente cerca, presente, es parte de lo que necesitan.

2. Sé honesto sobre que no sabes

No sé. Yo me he hecho la misma pregunta. No he encontrado una respuesta que me cuadre del todo. Los dos tenemos que seguir preguntándonosla. Eso es honesto, no finge nada, y no los deja solos con la pregunta.

3. Confirma lo que sí sabes

Aun cuando el porqué no tiene respuesta, hay cosas que sí sabes. Sé que los dos te queremos. Sé que tú no tienes la culpa de lo que pasó. Sé que vamos a estar bien. Las partes conocidas son anclas cuando las partes desconocidas suenan bien fuerte.

Cuando la relación de tus hijos con el marco es distinta a la tuya

A veces el niño desarrolla con el marco una relación más honda o más firme que la tuya. Le entra de lleno. Quiere participar. Tiene una fe propia que tú no compartes, o que no compartes con la misma intensidad.

Tres principios.

1. Apoya la de ellos aunque tú no la compartas

Su relación con el marco es de ellos. Apoya que participen. Haz que las cosas prácticas pasen: llevarlos a los servicios, apoyar su formación religiosa, dejar que conserven sus prácticas. Apoyarlos no te obliga a compartir su fe.

2. No la eches abajo

Nada de comentarios sutiles para minimizar. No voltees los ojos cuando recen. No les hagas sentir que su fe te parece ingenua. Que vayan armando su propio marco merece respeto, aunque tú estés en otro lugar con todo esto.

3. Déjales tener sus propios maestros y su propia comunidad

Su desarrollo religioso lo pueden acompañar personas que no eres tú: la otra casa, si ahí se sostiene la tradición, quienes enseñan religión, la comunidad. No seas el único adulto que lo moldea. Deja que otros aporten.

Referencia rápida

Cuatro cosas que tus hijos en realidad están preguntando:

  1. La tranquilidad de que el marco sigue funcionando.
  2. Entender qué pasó.
  3. Probar qué les está permitido pensar.
  4. Manejar su estado emocional a través del marco.

Cuatro categorías comunes de pregunta religiosa:

  1. La justicia (por qué Dios dejó que esto pasara).
  2. Si todavía (si las promesas del marco siguen aplicando).
  3. Si esto lo arregla (si el rezo o la práctica pueden deshacer lo que pasó).
  4. Las preguntas más grandes (el dolor, el divorcio, lo que dice la religión).

Cinco principios para ser honesto sin echarles de más:

  1. Ajusta la respuesta a su edad.
  2. No finjas certeza.
  3. No los metas en tu proceso religioso.
  4. Deja la puerta abierta.
  5. Anímate a decir no sé.

Cuando tu fe está fracturada:

  • No les pases la fractura.
  • Mándalos con otros recursos.
  • Sé honesto sobre tus límites, sin entrar en detalles.

Cuando tu fe se hizo más profunda:

  • No conviertas esa hondura en una lección.
  • No amarres tu hondura a la separación en la cabeza de ellos.

Cuando te preguntan eso que no sabes contestar:

  • Quédate con la pregunta.
  • Sé honesto sobre que no sabes.
  • Confirma lo que sí sabes.

Cuando su relación con el marco es distinta a la tuya:

  • Apoya la de ellos aunque tú no la compartas.
  • No la eches abajo.
  • Déjales tener sus propios maestros y su propia comunidad.

Para cerrar

Las preguntas religiosas de tus hijos durante y después de la separación son preguntas de verdad, no etapas pasajeras. Contéstalas como te gustaría que un adulto te contestara a ti: con honestidad, en pocas palabras, y dejando la puerta abierta para la próxima.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional cualificado. Si tú o tu hijo o hija podéis estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu zona.