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A Year And Beyond

La vida que nunca te imaginaste deseando

By the dip team · 11 min de lectura

La vida que nunca te imaginaste deseando

Versión en inglés · traducción en preparación

Este artículo aún está en inglés. La traducción al español está en preparación.

Etapa 3 · Un año y más allá · Artículo 54 · Wave 2


En algún momento del segundo año, vas a notar que quieres algo de lo que la versión casada de ti se habría reído. Vivir en otro lado. Trabajar menos, o más. Retomar algo que antes habías descartado. Dejar de hacer algo que todos daban por hecho que amabas. El deseo se siente ajeno, a veces hasta te da pena, y cuesta más ignorarlo de lo que esperabas.

Este artículo habla de por qué aparecen deseos nuevos en la Etapa 3, de los cuatro tipos de querer nuevo, de cómo distinguir los deseos que duran de los que pasan, de la práctica de escuchar al deseo sin actuar por impulso, y de qué hacer cuando ese querer nuevo empieza a cambiar la forma real de tu vida.

Por qué aparecen deseos nuevos en la Etapa 3

El deseo se calibra según el contexto. El contexto viejo (el matrimonio, la casa compartida, las decisiones en común, la forma de la familia) produjo el conjunto de deseos desde los que viviste durante años. La mayoría de esos deseos eran honestos. También estaban moldeados por la estructura en la que estabas.

En la Etapa 3, la estructura cambió. Los deseos que surgen en la estructura nueva son distintos. Hay tres cosas que mueven el cambio.

1. Las restricciones que volvían imposibles ciertos deseos ya no están. Algunos deseos no aparecían en el matrimonio porque el matrimonio los volvía impensables. No prohibidos, nomás fuera de lo que se podía siquiera considerar. Con el matrimonio terminado, lo impensable se vuelve pensable, y a veces lo pensable se vuelve algo que sí puedes querer.

2. Las restricciones que producían ciertos deseos ya no están. La otra cara de la misma moneda. Parte de lo que querías en el matrimonio era función de estar en el matrimonio. Hijos de cierta edad, una casa de cierta forma, un calendario de cierta densidad: todo eso producía deseos. Estructuras distintas producen deseos distintos. Algunos de los viejos no van a sobrevivir a la estructura nueva.

3. Cambiaste lo suficiente como para querer cosas distintas. Un año de separación te reconfigura. El tú que ahora quiere cosas no es el tú que las quería hace dieciocho meses. Los deseos nuevos le pertenecen a la versión nueva. (Ve el Artículo 52.)

El efecto combinado es importante. Para la mitad del segundo año, casi todos los papás y las mamás tienen al menos un deseo nuevo que no tenían antes de la separación, y al menos un deseo viejo que se fue apagando.

Los cuatro tipos de querer nuevo

Los deseos nuevos caen en categorías que se reconocen. Saber con cuál estás lidiando cambia qué hacer al respecto.

Tipo 1: deseos redescubiertos

Cosas que querías antes del matrimonio, que dejaste de querer durante el matrimonio y que ahora vuelves a querer. Un tipo de trabajo, una ciudad, una práctica creativa, una forma de pasar las noches. El deseo había estado dormido, no muerto.

Lo que los distingue: el deseo se siente conocido aunque no lo hayas sentido en años. Hay como un reconocimiento. Ah, esto es algo que yo solía querer.

Qué hacer con ellos: tómalos en serio. Los deseos redescubiertos suelen ser confiables porque tienen historia. Ya demostraron que pueden sostenerse a lo largo del tiempo. Actuar sobre ellos es menos riesgoso que actuar sobre deseos completamente nuevos.

Tipo 2: deseos latentes

Cosas que siempre estuvieron ahí como posibilidad, pero que nunca tuvieron espacio para salir. No cosas que solías querer, sino cosas que tal vez habrías querido si las circunstancias hubieran sido otras. Otro camino de carrera, otra ciudad, otro tipo de relación.

Lo que los distingue: el deseo se siente como un descubrimiento más que como un reconocimiento. No sabías que esto estaba ahí. Estás conociendo una parte de ti por primera vez.

Qué hacer con ellos: investígalos despacio. Los deseos latentes necesitan tiempo para ponerse a prueba. La primera versión muchas veces no es la acertada; el deseo se va afinando conforme lo exploras. No reacomodes tu vida entera alrededor de los primeros tres meses de un deseo latente.

Tipo 3: deseos emergentes

Cosas que quieres ahora y que de verdad no querías antes, que surgieron de aquello en lo que te has convertido. No es un regreso, no es algo que sale a flote: es un cambio real en lo que prefieres por debajo de todo.

Lo que los distingue: a veces son incómodos de notar. Contradicen la vieja historia que te contabas sobre ti. Siempre pensé que yo era el tipo de persona que... y ahora resulta que no.

Qué hacer con ellos: sostenlos con suavidad durante los primeros seis a doce meses. Los deseos emergentes pueden ser poderosos, pero también pueden ser pasajeros. Espera a tener estabilidad antes de actuar.

Tipo 4: deseos de circunstancia

Cosas que quieres por la situación específica en la que ahora estás. Las ganas de estar cerca de cierta persona, de vivir cerca de cierta escuela, de conservar cierto trabajo porque te da estabilidad: son deseos moldeados por las circunstancias del momento.

Lo que los distingue: el deseo está amarrado a una configuración externa específica. Si la configuración cambia, el deseo cambia con ella.

Qué hacer con ellos: actúa sobre ellos solo cuando embonen con tu rumbo más amplio. Los deseos de circunstancia que van alineados con tus otras direcciones son útiles. Los que te sacan del camino casi nunca conviene tratarlos como si fueran deseos duraderos.

Cómo distinguir lo que dura de lo que pasa

No todo deseo nuevo merece que actúes sobre él. Parte del trabajo de la Etapa 3 es aprender a distinguir entre los deseos que van a durar y los que se van a desvanecer.

Cinco pruebas.

Prueba 1: ¿el deseo sobrevive a que lo sueltes?

Un deseo real se queda cuando lo dejas a un lado. Puedes ignorarlo una semana, volver a él y encontrarlo todavía ahí. Un deseo pasajero se apaga cuando no lo alimentas.

La versión más sencilla de esta prueba: nota el deseo, no hagas nada al respecto durante dos semanas y luego checa. Si el deseo sigue ahí, se está ganando credibilidad. Si se apagó, no tenía sustancia.

Prueba 2: ¿el deseo sobrevive a imaginarlo cumplido?

Imagina que ya hiciste la cosa. Compraste el departamento, hiciste el cambio de carrera, terminaste la relación, retomaste la práctica nueva. ¿Cómo se siente ese estado imaginado, después de cumplir el deseo?

Si se siente bien, el deseo tiene sustancia. Si en la imaginación se siente hueco o te da ansiedad, quizá el deseo se trataba más de evitar algo que de un querer genuino.

Prueba 3: ¿el deseo tiene una forma concreta?

Los deseos que vienen con detalles suelen tener más sustancia que los deseos vagos. Quiero vivir en otro lado es vago. Quiero vivir en un departamento de una recámara cerca del parque, a una caminadita de un café al que iría cada mañana es concreto.

La prueba de lo concreto no es infalible; a veces los deseos vagos son deseos reales que todavía no terminas de poner en palabras. Pero que un deseo sea concreto suele ser buena señal de que tiene sustancia.

Prueba 4: ¿el deseo sobrevive a platicarlo con un amigo escéptico?

Pásale el deseo a un amigo de confianza que te ponga peros. Un amigo que te haga las preguntas obvias, que te señale lo que estás dejando de lado, que te nombre los riesgos.

Un deseo real sobrevive a la fricción. Un deseo pasajero muchas veces se desmorona en cuanto lo examinas de frente, y eso también es información útil.

El amigo no decide por ti. Solo está poniendo el deseo a prueba.

Prueba 5: ¿el deseo embona con el patrón de en quién te estás convirtiendo?

Los deseos que encajan con un rumbo más amplio tienden a ser más duraderos. Los que no, suelen desvanecerse.

Si has venido moviéndote hacia más independencia, más autonomía y más expresión creativa, y el deseo nuevo va en esa dirección, lo más probable es que dure. Si el deseo nuevo te jalaría hacia un rumbo que choca con el patrón más amplio, examínalo con más cuidado.

La práctica de escuchar sin actuar

Un riesgo común en la Etapa 3: los deseos nuevos emocionan, y la emoción produce acciones impulsivas. A veces la acción impulsiva funciona. Muchas veces no.

La práctica de escuchar al deseo sin actuar es más útil que ignorar el deseo o que actuar sobre él de inmediato.

Cinco elementos.

1. Escribe el deseo

Cuando salga un deseo nuevo, escribe un párrafo sobre él. Qué es, cómo se siente, cómo se vería en la práctica. Escribirlo lo saca de tu cabeza y te deja mirarlo.

No trates de evaluarlo todavía. Nomás documéntalo.

2. Quédate con él al menos tres meses

Para la mayoría de los deseos nuevos importantes, tres meses es el mínimo antes de tomar acciones serias. Los primeros tres meses te muestran si el deseo es duradero o pasajero.

Algunos deseos necesitan más tiempo. Un deseo que implicaría vender tu casa, dejar tu trabajo o cambiar de forma importante tu relación con tus hijos necesita de seis a doce meses de quedarte con él antes de actuar.

3. Da pasos chiquitos y de bajo riesgo en la dirección del deseo

Sin comprometerte del todo, haz cositas que pongan el deseo a prueba. Si quieres cambiar de ciudad, ve a visitarla. Si quieres cambiar de carrera, ten pláticas informativas con personas que ya están en ese campo. Si quieres otro tipo de relación, fíjate en la forma de las relaciones que ya estás teniendo.

Los pasos chiquitos dan información sin compromiso. Y también te dejan sentir si el deseo sigue vivo cuando empiezas a toparte con su realidad.

4. Nota cómo cambia el deseo conforme lo investigas

Un deseo real se aclara y se afina conforme te metes en él. Un deseo pasajero se apaga o se convierte en algo completamente distinto.

Ese afinamiento es información valiosa. Pensé que quería otra ciudad, pero en realidad quiero otro ritmo de vida que esta ciudad no me podía dar. La versión afinada suele ser más certera y más fácil de poner en práctica.

5. Distingue entre actuar sobre el deseo y andarlo contando

Puedes quedarte con un deseo durante meses sin contárselo a nadie. Contarlo muchas veces produce una especie de compromiso prematuro: una vez que dijiste estoy pensando en mudarme a Berlín cinco veces, no mudarte a Berlín empieza a sentirse como una derrota.

Guarda el contarlo para después de haber probado el deseo. El trabajo interno de discernir es algo privado. El anuncio hacia afuera, si llega a pasar, viene después.

Cuando el querer nuevo cambia la forma de tu vida

Para el tercer o cuarto año, algunos de los deseos que pasaron las pruebas producen un cambio real. La forma misma de la vida se mueve. Trabajo nuevo, casa nueva, relaciones nuevas, nuevos usos del tiempo.

Cuando esto pasa, suelen ser ciertas tres cosas.

1. El cambio es menos aparatoso de lo que te lo habías imaginado. La mayoría de los cambios de vida que vienen de un deseo real son más callados que la versión imaginada. La mudanza a otra ciudad es nomás otro lugar donde vivir. El cambio de carrera es nomás un trabajo distinto. La forma nueva es la forma nueva; desde adentro no se siente tan transformadora como se veía desde afuera.

Esto es normal y no es señal de que el cambio haya estado mal. El cambio que se sostiene suele ser menos cinematográfico de lo que esperabas al principio.

2. Otras partes de la vida se reacomodan alrededor. El cambio real hace olas. El trabajo nuevo cambia tu semana, lo que cambia tus amistades, lo que cambia lo que lees, lo que ves y lo que te importa. El cambio único en realidad no es único. Espera las olas.

3. Aparecen deseos nuevos. Una vez que actúas sobre un deseo importante, otros tienden a salir a la superficie. La disposición a querer algo y a actuar sobre ello es, en sí misma, una práctica que se va desarrollando. Para el cuarto o quinto año, tu relación con el deseo es distinta de la que tenías en el primero.

Cuando el querer no lleva a la acción

Una pequeña parte de los deseos de la Etapa 3 se quedan como deseos y nunca se convierten en acción. Y está bien. No todo deseo necesita volverse acción para ser honrado.

Algunos deseos son útiles como información sobre en quién te estás convirtiendo, aunque no cambies nada. Te dicen algo sobre la dirección que elegirías si las circunstancias lo permitieran. Sostener el deseo sin actuar sobre él no es reprimirlo. Es nomás reconocerlo.

Los deseos sin cumplir de la Etapa 3 a veces se vuelven los deseos sobre los que actúas en la Etapa 5 o 6. El discernimiento sobre los tiempos es un trabajo aparte.

Referencia rápida

Tres cosas que mueven el deseo nuevo en la Etapa 3:

  1. Ya no están las restricciones viejas que volvían impensables las cosas.
  2. Ya no están las restricciones viejas que producían ciertos deseos.
  3. Cambiaste lo suficiente como para querer cosas distintas.

Cuatro tipos de querer nuevo:

  1. Redescubierto (estaba ahí, se detuvo, volvió).
  2. Latente (siempre fue posibilidad, nunca tuvo espacio).
  3. Emergente (surgido de aquello en lo que te convertiste).
  4. De circunstancia (amarrado a la configuración externa del momento).

Cinco pruebas para distinguir lo que dura de lo que pasa:

  1. Sobrevive a que lo sueltes.
  2. Sobrevive a imaginarlo cumplido.
  3. Tiene una forma concreta.
  4. Sobrevive a platicarlo con un amigo escéptico.
  5. Embona con el patrón de en quién te estás convirtiendo.

Cinco prácticas para escuchar sin actuar:

  1. Escribe el deseo.
  2. Quédate con él al menos tres meses (más para los deseos grandes).
  3. Da pasos chiquitos y de bajo riesgo en esa dirección.
  4. Nota cómo cambia el deseo conforme lo investigas.
  5. Distingue entre actuar y andarlo contando.

Cuando el querer cambia la forma de la vida:

  • Desde adentro es menos aparatoso de lo imaginado.
  • Hace olas en otras partes de la vida.
  • Tienden a aparecer deseos nuevos.

Cuando el querer no lleva a la acción:

  • Algunos deseos se quedan como deseos. Eso también es digno.
  • Se vuelven información sobre en quién te estás convirtiendo.
  • Los deseos sin cumplir de la Etapa 3 a veces se vuelven deseos sobre los que actúas en la Etapa 5.

La vida que nunca te imaginaste deseando es ahora la vida que de hecho estás construyendo. Déjala sorprenderte.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional cualificado. Si tú o tu hijo o hija podéis estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu zona.