
Versión en inglés · traducción en preparación
Este artículo aún está en inglés. La traducción al español está en preparación.
Etapa 3 · Un año y más allá · Artículo 145 · Wave 3
Pasó algo bueno. Algo de verdad, algo que vale la pena marcar: un cumpleaños, un logro en el trabajo, un momento importante, el simple hecho de haber salido de un año difícil. Y tu primer impulso fue dejarlo pasar en silencio, igual que dejaste pasar los últimos. Celebrar se sentía como demasiado, o como algo que no era para ti, o de algún modo fuera de lugar con todo lo que estaba pasando. Luego una amistad te insistió, o te cachaste a punto de saltártelo otra vez, y decidiste, esta vez sí, marcarlo de verdad. Darte permiso de tener la celebración. Y resultó que importaba más de lo que esperabas.
De eso trata este artículo. De cómo las personas separadas dejan de celebrar sin darse cuenta, de por qué marcar las cosas buenas se va perdiendo durante la etapa difícil, y de por qué darte permiso de volver a celebrar, aunque se sienta como demasiado, es una parte real de regresar a la vida.
Por qué se dejó de celebrar
Se dejó por razones encimadas, casi todas invisibles.
Celebrar pide cierta energía y cierta apertura que la etapa aguda te va vaciando. Marcar una ocasión significa abrirte, juntar a la gente, hacer un poco de alboroto, dejar que la alegría sea pública, y cuando estás agotada o agotado, el camino más fácil es dejar que el día pase sin marcarlo. Así los cumpleaños se hicieron más chiquitos, los logros se quedaron sin mencionar, los momentos importantes pasaron en silencio, no porque lo decidieras, sino nomás por el cansancio.
También hay un duelo de logística metido ahí. Muchas celebraciones antes las organizaba la pareja, o tenían una forma que daba por hecho a la familia tal como era. El cumpleaños que los dos solían organizar. La tradición que ya no funciona. Cuando la forma vieja ya no está y todavía no construyes una nueva, lo más fácil es saltarse la ocasión en lugar de enfrentar su forma cambiada, y así el celebrar se va apagando sin ruido.
Y hay un problema de permiso. Una parte de ti quizá siente que, con todo el desajuste, lo que no salió, la situación de los hijos, no tienes derecho a estar celebrando nada. La alegría se sentía como algo que había que justificar, y una celebración es alegría hecha pública y a propósito, lo cual se sentía como todavía más de lo que te correspondía.
Por qué importa volver a empezar
Darte permiso de celebrar otra vez no es algo frívolo, y no se trata nomás de pasarla bien. Hace un trabajo concreto.
Marcar las cosas buenas es la manera de registrar que sí hay cosas buenas. Un año que se va con cada ocasión sin marcar empieza a sentirse, en la contabilidad del cuerpo, como un año sin nada bueno adentro, aunque haya habido mucho. La celebración es el acto de notar oficialmente lo bueno, de dejarlo asentado, y sin ese acto lo bueno tiende a colarse sin que quede guardado. Celebras, en parte, para que lo bueno cuente.
También es una señal clara, para ti y para los hijos, de que la vida se está volviendo a vivir, no solo a sobrellevar. Una casa que marca cumpleaños y logros y momentos importantes es una casa que decidió que sigue en el negocio de la alegría. Esa decisión la sienten todos los que viven ahí, y los hijos más que nadie, que aprenden, según si su casa celebra o no, si su casa está bien.
Y reconstruye algo que la separación se llevó: tu sentido de ser una persona cuya vida tiene ocasiones que vale la pena marcar. Dejarte celebrar, y celebrarte a ti, le hace frente directo al valor abollado que dejó el año difícil. La fiesta es, entre otras cosas, una manera de decir que sigues siendo alguien a quien se le permite que le pasen cosas buenas.
Cómo darte permiso de tenerla
Marca la cosa aunque se sienta como demasiado. La sensación de que una celebración es excesiva, o no merecida, o más de lo que puedes con ello, es el cansancio y el problema de permiso hablando, no una lectura acertada. Empuja con suavidad a través de esa sensación y marca la ocasión de todos modos, aunque sea de forma modesta. La resistencia se diluye una vez que estás adentro, y casi nunca te arrepientes de haber marcado algo; de lo que te arrepientes es de los años de cosas que dejaste pasar.
Construye formas nuevas en lugar de hacerle duelo a las viejas. La celebración no se va a ver como antes, y tratar de recrear la forma vieja casi siempre nomás resalta la ausencia. Mejor construye una forma nueva: otra manera de hacer el cumpleaños, una tradición distinta para el momento importante, una celebración con la forma de la vida que tienes ahora y no de la que tenías. Las formas nuevas, elegidas con libertad, muchas veces terminan siendo mejores que las heredadas.
Deja que otras personas la organicen a veces. Parte de darte permiso de celebrar es dejarte celebrar, lo cual significa dejar que tus amistades y tu familia hagan el festejo cuando se ofrecen, en lugar de quitárselo de encima. Ser quien recibe el festejo, y no solo quien lo organiza, es por sí mismo una pequeña reparación. Acepta el alboroto.
Celebra también las victorias poco vistosas. No solo las ocasiones obvias. Las calladitas, salir de la primera Navidad a solas, el aniversario del peor día que pasa sin que te derrumbes, una semana difícil que lograste sobrellevar, merecen marcarse tanto como los momentos importantes que se ven desde afuera. Algunas de las celebraciones más importantes de esta etapa son privadas, por cosas cuyo tamaño solo tú conoces.
Incluye a los hijos en la alegría. Donde encaje, deja que los hijos sean parte del festejo, no como la única razón de ser, sino como participantes de una casa que marca las cosas buenas. Les hace muchísimo bien ver a su mamá o a su papá elegir la alegría de frente, y vivir en una casa donde las ocasiones siguen siendo ocasiones.
Para cerrar
Darte permiso de tener la celebración es un acto pequeño y a propósito con un significado grande: eres tú decidiendo que tu vida volvió al negocio de marcar las cosas buenas, que lo bueno cuenta, y que sigues siendo alguien alrededor de quien se permite que se junten las ocasiones. El celebrar se detuvo por razones entendibles, el cansancio, las formas viejas que se perdieron, una sensación callada de no tener derecho, y volver a empezar le hace frente a las tres. Marca la cosa, aunque se sienta como demasiado. Construye formas nuevas. Déjate celebrar. Los años sin marcar quedaron atrás. Este sí puede tener ocasiones adentro otra vez.
Referencia rápida
- El celebrar se detiene sin ruido en la etapa difícil por el cansancio, por la pérdida de las formas viejas de celebración, y por una sensación de no tener derecho a la alegría.
- Importa volver a empezar: marcar lo bueno es la manera de registrarlo y guardarlo; le señala a ti y a los hijos que la vida se está viviendo, no solo sobrellevando; y reconstruye tu sentido de ser alguien a quien le pasan cosas buenas.
- Marca las ocasiones aunque se sienta excesivo; la resistencia es el cansancio y el problema de permiso hablando.
- Construye formas nuevas de celebrar en lugar de recrear las viejas; deja que otras personas te celebren; marca también las victorias privadas poco vistosas; incluye a los hijos en la alegría.
Una celebración es el acto de notar oficialmente lo bueno, para que cuente. Date permiso de tenerla, aunque se sienta como demasiado; te arrepientes de las cosas que dejaste pasar, no de las que marcaste.
Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional cualificado. Si tú o tu hijo o hija podéis estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu zona.