
Preparan la cena, los dos, en la misma cocina, moviéndose uno alrededor del otro con una cortesía nueva y rara. Los hijos platican en la mesa, sin enterarse de nada. Pasas la sal. Preguntas por algo del trabajo. Y por debajo de todo eso está la enorme pregunta sin respuesta, esa en la que los dos están trabajando activamente o que están esperando en silencio, sin que ninguno sepa todavía cómo termina esto. Estás viviendo, por ahora, en el todavía no decidido.
Si ahí es donde estás, en el intermedio, ayuda escuchar que el limbo de verdad agota, de una forma que es aparte de lo que sea que esté mal en el matrimonio. Cargar una pregunta de este tamaño a lo largo de días comunes, las idas a la escuela y las horas de dormir y la plática ligera mientras pasas la sal, mientras la respuesta sigue fuera de tu alcance, es un cansancio muy suyo. El suspenso, por sí solo, te va desgastando.
Y te dan ganas de apurarte, nomás por salir de ahí. Cualquier cosa, incluso una respuesta dura, puede empezar a sentirse mejor que el no saber. Vale la pena notar ese jalón, porque escapar de la incomodidad del limbo es una mala razón para forzar una decisión. El intermedio es desagradable justo porque hay algo real que sigue sin resolverse, y a veces las cosas sin resolver hay que vivirlas un tiempo antes de poder responderlas con honestidad.
Aquí está la manera más suave de sostenerlo. El todavía no decidido no es tiempo perdido, aunque se sienta como que no está pasando nada. Muchas veces está haciendo un trabajo callado por debajo, en un periodo de prueba en el que los dos van aprendiendo poco a poco si las cosas pueden cambiar, o en una pausa donde la claridad se va formando sin que la veas. Algunas respuestas no se pueden razonar de antemano. Solo se llega a ellas viviendo la pregunta durante una temporada, poniendo atención honesta sobre la marcha.
Así que no tienes que forzar el final hoy para demostrar que estás siendo responsable. Tienes permiso de estar en el intermedio sin resolverlo contra una fecha límite, de dejar que la prueba siga su curso, de dejar que la claridad llegue a su propio ritmo en lugar de arrancarte un veredicto nomás para que pare la incomodidad.
Terminas de lavar los trastes. La pregunta sigue ahí, sin respuesta, y esta noche puede quedarse así. Vivir en el todavía no decidido es difícil, pero no es nada, y no es un fracaso. A veces es nomás el lugar donde la respuesta todavía se está aclarando, una noche común a la vez.
Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional calificado. Si tú o tu hijo o hija pudieran estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu localidad.