
Si hay algo que entender de un matrimonio en problemas, es esto. Casi nunca las dos personas están en el mismo lugar al mismo tiempo. Por lo general uno se está acercando y el otro se está alejando, y casi todo el dolor, y casi todos los intentos fallidos de arreglar las cosas, vienen de tratarlos como si fueran una sola pareja indivisa con un solo problema compartido. Son dos personas en dos posiciones emocionales muy distintas, y cada quien necesita algo diferente.
Cómo se siente estar alejándose
Quien se está alejando muchas veces va más adelante de lo que cualquiera se imagina. Casi siempre lleva mucho tiempo siendo infeliz, en silencio, y ya hizo buena parte de su duelo, mientras el otro todavía tenía esperanza. Para cuando se aleja de forma visible, muchas veces no está al principio de un problema, sino cerca del final. Por eso "esforzarse más con esa persona", más atención, más empeño, más ruegos, falla tan seguido. Llega como presión sobre alguien que ya se fue a medias, y la presión le da más ganas de irse, más rápido. No es frialdad. Es un cansancio que lleva más tiempo del que tú sabías.
Cómo se siente estar acercándose
Quien se está acercando suele estar en algo más parecido al pánico. Se dio cuenta tarde de que el matrimonio está en peligro, y tiene miedo, y el miedo hace que la gente se aferre. Entonces persigue. Quiere hablar del tema todo el tiempo, arreglarlo esta misma noche, escuchar que todo va a estar bien, ver esfuerzo. Todo eso es amor, y todo eso, dirigido a alguien que se está alejando, tiende a salir al revés.
La espiral entre los dos
Junta a esas dos personas y tienes una espiral dolorosa y predecible. Uno persigue, lo que hace que el otro se retraiga, lo que asusta al primero y lo hace perseguir con más fuerza, lo que hace que el segundo se retraiga todavía más. La reacción de cada quien empeora la del otro. Desde adentro, quien persigue se siente abandonado y quien se retrae se siente asfixiado, y los dos tienen razón sobre lo que están viviendo, y la espiral sigue girando. Ver la espiral como el problema, en lugar de ver a la otra persona, es lo primero que la afloja.
Qué les ayuda de verdad a cada uno
Para quien se está acercando, la medicina que va a contracorriente es darle espacio. Calidez cuando se acerca, no salir a perseguir cuando no lo hace, hacer tu propio trabajo sin andarlo narrando, una vida estable que no gire por completo alrededor de su decisión. Dar espacio no es rendirse. Es volverte alguien hacia quien es más fácil acercarse, en lugar de alguien contra quien hay que protegerse.
Para quien se está alejando, lo que se le debe no es una promesa de quedarse. Es una mirada honesta antes de una decisión final, no porque quedarse sea la respuesta correcta, sino porque una decisión tan grande, una que reacomoda tu vida y la de tus hijos, merece verse con claridad y no con la inercia de un alejamiento largo y cansado.
Y para los dos, una tercera persona neutral ayuda aquí más que casi en cualquier otro lado, porque la distancia entre sus dos posiciones es difícil de cruzar a solas. El tipo de ayuda breve hecha para esto se llama terapia de discernimiento, y su único propósito es ayudar a dos personas que están en lugares distintos a aclararse, juntas, qué es lo que están haciendo.
Una salvedad necesaria. Si la distancia en tu matrimonio en realidad es miedo, si a uno de los dos lo controlan o lo asustan o no está a salvo, entonces esto no es una situación de uno que se acerca y otro que se aleja, y el enfoque equilibrado que se plantea aquí no aplica. Eso es una cuestión de seguridad, y merece ayuda de otro tipo.
Lo más esperanzador de entender esta distancia es que es normal, y que se puede trabajar. Que dos personas estén paradas en lugares distintos no es el final de un matrimonio. Es el punto de partida común y doloroso de casi todos los que terminan por sanar.
Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional calificado. Si tú o tu hijo o hija pudieran estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu localidad.