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Módulo 17 · Cuando el otro papá no está bien

Alienación parental: reconocerla en la otra casa, y en ti

By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

Todas las edades9 min de lectura
Alienación parental: reconocerla en la otra casa, y en ti

Alienación parental: reconocerla en la otra casa, y en ti

Módulo 17 · Cuando el papá o la mamá de tu peque no está bien · Artículo 06 · Wave 3 · todas las edades


Sientes que tu peque se te va alejando. Se ha vuelto frío, o se porta hostil, o llega de mala gana, y sospechas que detrás está la madre de tu peque, poniéndolo en tu contra, envenenando la relación. La palabra para lo que temes es alienación, y es una de las sospechas más dolorosas que puede cargar alguien que ya se separó: la sensación de que otra persona está cortando a propósito el lazo con tu peque.

Este es el texto más delicado de un módulo delicado, y hay que tratarlo con un cuidado fuera de lo común, por una razón que importa. La alienación es real y describe un daño verdadero, pero también es un concepto que se usa mal, a veces por parte de quienes son ellos mismos el problema, para desacreditar las razones legítimas que tiene un niño para alejarse. Por eso este artículo hace algo que los demás no hacen: te pide examinar la posibilidad en dos direcciones, en la otra casa, y en ti. Ese doble examen no es una acusación contra ti; es la única manera honesta de acercarse a algo tan fácil de distorsionar.

Si no estás a salvo en tu relación, o si te preocupa la seguridad de tu peque, este artículo no es el lugar para empezar. La línea Vida sin Violencia, 800 108 4053, puede acompañarte. El resto de esta biblioteca va a estar aquí cuando estés listo.

Qué es la alienación y qué no es

En el fondo, la alienación se refiere a que uno de los papás pone activamente a un niño en contra del otro, a través de menosprecio, manipulación o de minar la relación, de una manera que daña el vínculo del niño con un papá o una mamá que no le ha dado motivo. Los elementos clave son ese poner activamente en contra y la ausencia de un motivo legítimo. Un niño que se aleja de uno de sus papás porque ese papá o esa mamá lo asustó o lo lastimó no está alienado; está respondiendo de forma razonable a lo que vivió. Un niño que se aleja de un papá o una mamá segura y amorosa porque en la otra casa han envenenado la relación de manera sistemática es una situación distinta.

Esa diferencia, entre un niño que reacciona ante algo real y un niño manipulado en contra de uno de sus papás sin motivo, es el corazón del asunto, y es justo lo que hace que el concepto se preste tanto a usarse mal. Porque desde afuera, e incluso desde adentro, las dos cosas pueden verse parecidas: un niño que rechaza a uno de sus papás. La pregunta crucial es por qué. Y contestarla con honestidad pide mirar la conducta real de quien está siendo rechazado, no solo dar por hecho que el rechazo tiene que ser obra de la otra casa.

Por eso el concepto se discute, y por eso hay que manejarlo con cuidado. Describe algo real: a veces los papás sí envenenan a los hijos contra el otro, y eso lastima a los niños. Pero también se usa como arma, por parte de quienes de verdad asustaron o lastimaron a sus hijos, para volver a presentar el alejamiento justificado del niño como manipulación de la otra casa, y eso puede servir para empujar al niño de regreso a una relación que le hace daño. Tanto el daño real como el mal uso existen. Sostener las dos cosas es necesario, aunque resulte incómodo.

El examen de uno mismo

Aquí viene la parte difícil de leer e importante de escribir. Si sospechas alienación, el primer lugar donde mirar, antes de armar un caso contra la otra casa, es tu propia parte y la legitimidad de lo que siente tu peque. No es porque seas culpable; es porque esta es la única área donde la certeza natural de un papá o una mamá es lo menos confiable, y donde equivocarse hace un daño serio.

Así que, con honestidad: ¿hay alguna posibilidad de que tu peque se esté alejando por algo enraizado en lo que ha vivido contigo, y no solo por la otra casa? ¿Habrás hecho, quizá sin darte cuenta del todo, cosas que expliquen esa frialdad: perder los estribos de un modo que asusta, ser duro, ser tú mismo poco confiable, hacer que tu peque se sienta incómodo? Esto duele de pensar, y pensarlo con honestidad es lo que separa a quien de verdad está tratando de hacer lo correcto por su hijo de quien busca culpar a la otra casa de un problema que podría ser en parte suyo.

Y la dirección todavía más dura: ¿eres tú quien está alienando? ¿Hablas mal de la otra casa frente a tu peque, sutil o abiertamente? ¿Minas la relación que tiene con su mamá, le haces sentir que quererla es traicionarte a ti, lo premias cuando se pone de tu lado? Quienes alienan muchas veces no se ven a sí mismos haciéndolo; se viven como si nada más estuvieran diciendo la verdad sobre alguien que cría mal, o protegiendo al niño. La conducta puede sentirse completamente justificada desde adentro. Justo por eso hace falta este examen honesto, porque quien aliena suele ser el último en reconocerlo.

Nada de esto da por hecho que el problema seas tú. Es para insistir en que el camino honesto examina a los dos papás, incluido el que está leyendo esto, porque la alienación es esa rara situación en la que la sensación segura de un papá o una mamá sobre quién tiene la culpa de verdad no es confiable, y donde el costo de equivocarse, empujar a un niño de vuelta hacia alguien a quien tiene buenas razones para temer, o no ver la propia conducta alienadora, es grave. El examen de uno mismo es el precio de acercarse a esto con honestidad.

El alejamiento puede ser protector

Debajo de todo esto hay una diferencia crucial: a veces la distancia de un niño respecto a uno de sus papás es justificada y protectora, y ponerle la etiqueta de alienación causaría daño. Un niño al que uno de sus papás asustó, lastimó o dejó sin seguridad, y que se aleja, está haciendo algo sano y de autoprotección. Su distancia es una respuesta razonable a lo que vivió, no un síntoma que haya que curar forzando una reconciliación.

Esto importa muchísimo, porque la etiqueta de alienación, aplicada mal, puede servir para pasar por encima de la distancia legítima y protectora que un niño guarda frente a un papá o una mamá que de verdad le hace daño. Si un niño rechaza a uno de sus papás porque ese papá o esa mamá lo lastimó, la respuesta no es diagnosticar alienación y empujarlo de regreso; es respetar y entender lo que vivió. Tratar como alienación un alejamiento justificado puede regresar a un niño al daño, y por eso el mal uso del concepto es tan peligroso y por eso quienes trabajan en esto con honestidad lo manejan con cuidado.

Así que cuando un niño se aleja de uno de sus papás, la verdadera pregunta es siempre si esa distancia está enraizada en lo que de verdad vivió con ese papá o esa mamá, en cuyo caso merece respeto y comprensión, o si lo están manipulando en contra de alguien que no le ha dado motivo, en cuyo caso es otro problema. Esa pregunta no se contesta dando por hecho; hay que acercarse a ella con honestidad, muchas veces con ayuda profesional, mirando la situación real y no la versión que da cada papá.

Qué hacer, sin volver el término un arma

Si, después de un examen honesto de ti mismo, tienes razones genuinas para creer que en la otra casa están poniendo activamente a tu peque en tu contra sin motivo, hay cosas constructivas que sí puedes hacer, y una grande que no.

Lo que no hay que hacer es lanzar una campaña, convertir la situación en conflicto abierto, contestar veneno con veneno hablando mal de la otra casa, interrogar a tu peque sobre lo que dicen allá, o hacer de tu hijo el terreno en disputa. Eso le aprieta más el nudo de lealtades en el que está atrapado y lo lastima todavía más, sin importar quién empezó. Responder a la sospecha de alienación alienando de vuelta duplica el daño al niño.

Lo que sí ayuda es más sereno. Sigues siendo el papá o la mamá cálida, confiable y que no responde con represalias, ese papá o esa mamá que tu peque vive de manera directa, porque lo que un niño vive día con día con un padre amoroso es el contrapeso más fuerte frente a que le digan que ese padre es malo. No pones a tu peque en medio ni lo haces elegir. No hablas mal de la otra casa de vuelta. Te quedas presente y cariñoso aun cuando tu peque esté frío, jugando a largo plazo a ser el padre al que siempre puede regresar. Y buscas ayuda profesional, porque la sospecha de alienación de verdad rebasa lo que un solo papá puede o debería manejar a solas. Una terapeuta familiar, alguien con experiencia en estas dinámicas, y donde corresponda la ayuda estructurada que describe el artículo de este módulo sobre apoyo profesional, pueden valorar qué está pasando en realidad, algo que un papá o una mamá por su cuenta, por más sincera que sea, muchas veces no logra ver con objetividad, y pueden ayudar de maneras que no le aprieten más el nudo al niño.

El artículo sobre el papá o la mamá que te desprestigia ante los hijos cubre con más detalle la situación relacionada y más específica. El hilo aquí es que la sospecha de alienación pide serenidad, examen de uno mismo y ayuda profesional, no una contracampaña, porque la contracampaña lastima justo al hijo que estás tratando de proteger.

La frase que te llevas

La alienación parental, que uno de los papás ponga activamente a un niño en contra del otro sin motivo legítimo, es un daño real y también un concepto que se usa mal para desacreditar las razones justificadas que tiene un niño para alejarse, y por eso hay que acercarse a ella con un cuidado fuera de lo común. El camino honesto pide examinarse en dos direcciones: si la distancia de tu peque está enraizada en lo que de verdad ha vivido contigo, y si tú podrías ser quien está alienando, ya que quien lo hace suele ser el último en verlo. El alejamiento puede ser protector, y ponerle a la distancia justificada de un niño frente a un papá o una mamá que le hace daño la etiqueta de alienación puede regresarlo al daño. Y donde de verdad se sospecha alienación después de un examen honesto, la respuesta es serenidad, ser el padre cálido y confiable que tu peque vive de manera directa, nunca una contracampaña que le apriete más el nudo, junto con ayuda profesional para valorar lo que un solo papá no alcanza a ver con objetividad.

El miedo a que estás perdiendo a tu peque ante la influencia de la otra casa es real y duele. El camino honesto para atravesarlo te pide mirar en las dos direcciones, negarte a la contracampaña, y buscar la ayuda profesional que esto de verdad necesita, todo al servicio del niño atrapado en medio.

La alienación es real, y también lo es su mal uso. El camino honesto mira en las dos direcciones, se niega a contestar veneno con veneno, y busca ayuda de verdad, porque al niño atrapado en medio lo lastima la campaña, sin importar quién la libra.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional calificado. Si tú o tu hijo o hija pudieran estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu localidad.