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Módulo 16 · special needs disability and neurodivergence

Los meses antes del diagnóstico

By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

Todas las edades7 min de lectura
Los meses antes del diagnóstico

Los meses antes del diagnóstico

Módulo 16 · Necesidades especiales y neurodivergencia · Artículo 09 · Wave 3 · todas las edades


Antes de que haya un nombre, hay una sensación. Algo está pasando con tu peque. Algo que no acabas de ubicar del todo, pero que sigues notando. Le cuesta de maneras que a los demás niños no, o se está desarrollando distinto, o se le dificulta lo que debería ser más fácil, o se porta de formas que te dejan con dudas. No tienes un diagnóstico. Quizá ni siquiera estés seguro de que haya algo que diagnosticar. Solo tienes una sensación que va creciendo de que algo es diferente, y mucha incertidumbre sobre lo que significa y qué hacer.

Esta etapa, los meses antes del diagnóstico, tiene su propia clase de dificultad, y se habla menos de ella que del diagnóstico en sí. Es un limbo de no saber, que muchas veces viene con preocupación, con dudas sobre uno mismo y, a veces, con desacuerdos entre las dos casas sobre si pasa algo o no. Este texto es para esa etapa, y es uno suave, porque la incertidumbre por sí sola ya cansa.

Lo más difícil es el no saber

Hay una dificultad muy particular en la etapa previa al diagnóstico que la etapa posterior, con todos sus retos, no tiene: la falta de un nombre, de una explicación, de un marco. Después de un diagnóstico, al menos ya sabes con qué estás lidiando y puedes empezar a aprender y a actuar. Antes de uno, vas avanzando entre la neblina, notando cosas, preocupándote, preguntándote si estás exagerando o quedándote corto, sin nada firme de dónde sostenerte.

Este no saber trae consigo un conjunto muy concreto de experiencias difíciles. Las dudas sobre uno mismo: ¿me lo estoy imaginando?, ¿estoy siendo paranoico?, ¿soy de los que se preocupan de más? La preocupación por tu peque, sin tener claro siquiera de qué va esa preocupación. Una especie de alerta constante, observándolo de cerca, anotando todo lo que parece estar fuera de lugar. Y muchas veces culpa, en varias direcciones: culpa por preocuparte, culpa por no haberte dado cuenta antes, culpa por los momentos en que trataste como mala conducta algo que tal vez tu peque no podía evitar.

Ayuda nombrar que esta etapa es de verdad difícil, y que la dificultad es real, no una señal de que estás exagerando. La incertidumbre incomoda justo porque es incertidumbre, y no estás fallando por sentirla así. La mayoría de los papás que tarde o temprano reciben un diagnóstico pasaron primero por una versión de esta neblina, y lo incómodo de todo esto es normal, no un defecto tuyo.

Confía en lo que notas, busca la evaluación

Un principio útil para esta etapa: confía en lo que notas lo suficiente como para buscar una evaluación, sin adelantarte a conclusiones sobre cuál será la respuesta. Los papás muchas veces notan que algo es diferente en su hijo mucho antes de que cualquier profesional lo confirme, porque nadie ve a tu peque tanto como tú. Eso que notas es información valiosa, vale la pena hacer algo con ella, aun cuando no estés seguro.

Hacer algo con eso significa buscar una evaluación profesional, en vez de descartar tus preocupaciones o de tratar de autodiagnosticar desde internet. Si tienes una sensación que no se va de que algo está pasando, el paso correcto es planteárselo al profesional indicado, el doctor de tu peque, la escuela, un especialista, alguien que pueda evaluarlo bien. Esto ni hace un drama, no estás decidiendo que tu peque tiene una condición, estás buscando claridad, ni tampoco descarta, no te estás diciendo que te lo imaginas. Estás tomando en serio lo que notas, lo suficiente como para que lo revise alguien calificado para saberlo.

El proceso de evaluación en sí puede llevar tiempo, a veces un tiempo que llega a desesperar, con listas de espera, varias citas y etapas. Esto alarga el limbo, y eso es difícil. Pero echar a andar el proceso es lo que tarde o temprano te saca de la neblina, ya sea hacia un diagnóstico que explique las cosas o hacia la tranquilidad de saber que lo que notaste no es lo que temías. Cualquiera de los dos desenlaces es mejor que quedarse en la incertidumbre sin fin.

El texto de cierre del módulo de conducta, sobre leer el comportamiento de un niño como información, es un buen compañero aquí, porque mucho de lo que los papás notan en la etapa previa al diagnóstico es conducta que no tiene sentido, y aprender a leerla como comunicación, mientras buscas la evaluación, te ayuda a acompañar a tu peque mientras tanto. El Módulo 13 (Conducta y regulación emocional) lo trabaja a fondo.

Buscarlo entre las dos casas

En una familia que vive en dos casas, la etapa previa al diagnóstico tiene una complicación extra: los dos papás pueden no ver las mismas cosas, o no estar de acuerdo en que haya algo que valga la pena perseguir. En una casa, muchas veces la que más nota, hay ganas de buscar la evaluación; en la otra casa no ven el problema, o piensan que se está exagerando, o se resisten a la idea de ponerle una etiqueta a su hijo.

Esta es la versión previa al diagnóstico del desacuerdo que aborda el texto dedicado a cuando no se acepta el diagnóstico (Necesidades especiales y neurodivergencia 08), y mucho de lo de ahí aplica también. El desacuerdo muchas veces tiene su raíz en el duelo, en el miedo, o sencillamente en que cada quien ve una rebanada distinta de la vida de tu peque. Rara vez se resuelve discutiendo. Lo que ayuda es buscar la evaluación a través de la capacidad de decisión que tengas, compartir lo que observas sin forzar a que estén de acuerdo, y dejar que la evaluación profesional, y no la opinión de los papás, sea lo que aclare si hay algo que atender. Lo que encuentra un profesional muchas veces mueve a un papá con dudas de una forma que la insistencia de la otra casa no logra.

Donde las dos casas ven cosas distintas, esa diferencia es en sí misma información útil para una evaluación, porque un niño puede mostrarse distinto en distintos entornos, y una buena evaluación toma en cuenta lo que se observa en ambas casas. En lugar de que las distintas percepciones de las dos casas sean solo una fuente de conflicto, pueden ser dos datos valiosos sobre tu peque, los dos dignos de llevarse al profesional que hace la evaluación.

Acompañar a tu peque antes de saber

Un punto clave para esta etapa: no tienes que esperar un diagnóstico para empezar a acompañar a tu peque. Mientras corre el proceso de evaluación, ya puedes responder a las necesidades reales de tu peque tal como las vas observando, haya un nombre o no todavía.

Si a tu peque le está costando algo, puedes apoyarlo con eso ahora. Si hay cosas que se le dificultan, puedes acomodarte a eso ahora. Si leer su conducta como comunicación te dice que está rebasado o ansioso o batallando, puedes responder a eso ahora. El diagnóstico, cuando y si llega, va a afinar y a orientar tu apoyo, pero la postura básica de notar qué necesita tu peque y dárselo no requiere una etiqueta. El buen acompañamiento para un niño que la está pasando difícil es buen acompañamiento, tenga un nombre o no.

Esto también protege a tu peque durante el limbo. Un niño que la está pasando difícil antes del diagnóstico se beneficia de tener papás que responden a sus necesidades con paciencia y apoyo, en vez de papás congelados en la espera o, peor, papás que tratan las dificultades sin explicación como una mala conducta que hay que castigar. Acompañar a tu peque tal como es, ahora, mientras la evaluación aclara el panorama, es a la vez más amoroso y más eficaz que esperar a tener certeza antes de responder.

Y ayuda mantener la vida de tu peque tan normal y tan buena como se pueda durante esta etapa, sin dejar que la preocupación y el proceso de evaluación lo dominen todo. Tu peque sigue siendo un niño con una vida por vivir, y proteger sus experiencias buenas y cotidianas, mientras los adultos navegan la incertidumbre, importa.

La frase que te llevas

Los meses antes de un diagnóstico son una etapa dura en sí misma, un limbo de no saber marcado por las dudas sobre uno mismo, la preocupación y la culpa, y su dificultad es real, no una señal de que estás exagerando. Confía en lo que notas lo suficiente como para buscar una evaluación profesional, sin adelantarte a conclusiones, ya que los papás muchas veces ven lo que es diferente antes de que los profesionales lo confirmen, y la evaluación es la salida de la neblina. Entre las dos casas, donde cada quien puede ver o aceptar cosas distintas, busca la evaluación a través de tu capacidad de decisión y deja que lo que encuentra el profesional aclare lo que la opinión de los papás no puede, tomando las distintas observaciones de las dos casas como datos útiles. Y, sobre todo, no tienes que esperar un diagnóstico para acompañar a tu peque; responde a sus necesidades reales ahora, que es más amoroso y más eficaz que esperar a tener certeza.

Todavía no tienes un nombre, y el no saber es de verdad difícil. Confía en lo que notas, haz que lo evalúen bien, y acompaña a tu peque tal como es mientras tanto, algo que puedes hacer sin esperar a que se despeje la neblina.

No necesitas un nombre para empezar a ayudar a tu peque. Confía en lo que notas, haz que lo evalúen y atiende sus necesidades ahora, mientras el panorama se va aclarando.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional calificado. Si tú o tu hijo o hija pudieran estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu localidad.