El autismo en las dos casas
By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

El autismo en las dos casas
Módulo 16 · Necesidades especiales y neurodivergencia · Artículo 03 · Wave 2 · todas las edades
Para un peque autista, lo predecible no es un gusto: es una necesidad que toca de cerca la manera en que siente la seguridad en el mundo. Y una familia que vive en dos casas es, por su propia naturaleza, una vida armada alrededor de un cambio de ambiente que se repite. Ese es el reto central de criar a un peque autista en las dos casas, y conviene entenderlo con claridad en lugar de pasarlo por encima, porque una vez que lo ves, mucho de lo que ayuda se vuelve obvio.
Este texto trata de cómo atender las necesidades de un peque autista en las dos casas: lo predecible, los cambios de ambiente, los entornos sensoriales y las formas de hacer las cosas que ambas casas comparten para que se sienta lo más tranquilo posible en los dos lugares. Cada peque autista es distinto, así que esto es más estructural que una receta. Tú conoces las necesidades específicas de tu peque, y la idea es que ajustes a él los principios que vienen aquí.
Lo predecible es una necesidad de fondo
Muchos peques autistas se apoyan en lo predecible y en la rutina a un grado que cuesta exagerar. Saber qué viene, cuál va a ser el orden del día, qué pueden esperar, eso los calma de una forma muy honda. Lo impredecible y el cambio inesperado, en cambio, pueden angustiarlos de verdad, no porque se les haya roto un gusto, sino como una fuente real de ansiedad y de desregulación.
Esto quiere decir que la vida en dos casas pide más predecibilidad de la que pediría con un peque neurotípico. Al calendario le hace bien ser especialmente constante y quedar comunicado con claridad en la forma que tu peque entienda mejor: un calendario visual, una agenda, una rutina clara en la que pueda confiar. Las sorpresas y los cambios de último momento, que a cualquier niño le cuestan más, pueden costarle muchísimo a un peque autista. Así que entre más estable, predecible y avisada por adelantado sea la organización, mejor lo sobrelleva.
El texto del módulo de calendarios sobre por qué importa lo predecible aplica aquí con más fuerza todavía. Para un peque autista, lo predecible de la organización no es solo algo bonito: es una parte central de lo que hace que la vida en dos casas sea llevadera. Que en las dos casas entiendan esto, y que cuiden lo predecible en lugar de tratar la flexibilidad como una virtud, es la base de todo. El Módulo 06 (Calendarios y rotaciones) lo desarrolla a fondo.
El cambio de casa es la parte difícil
Para muchos peques autistas, la parte más difícil de la vida en dos casas es el cambio en sí: el momento de pasar de una casa a la otra. Las transiciones les cuestan a muchos peques autistas hasta en sus formas chiquitas, como pasar de una actividad a otra, y moverse entre dos entornos completos es una transición grande que ocurre seguido.
Por eso el intercambio, el momento de pasar de una casa a la otra, necesita un cuidado especial con un peque autista. Lo que aplica para cualquier intercambio, mantenerlo en calma, predecible y sin pleito, importa todavía más aquí. Y más allá de eso, los peques autistas suelen necesitar un apoyo extra justo alrededor del cambio: una preparación clara y por adelantado para lo que viene, rutinas de cambio que pasen igual cada vez, tiempo para acomodarse en ambos lados en lugar de tener que cambiar de golpe, y paciencia con la desregulación que el cambio mismo puede provocar.
Un peque que se desregula, se angustia o se desborda alrededor de un cambio de casa no está portándose mal: es un peque para quien un cambio grande de ambiente es de verdad difícil, mostrando justo esa dificultad. Leerlo así, y acompañar el cambio en vez de tratar su angustia como una travesura, es parte de atender la necesidad. Algunos peques autistas necesitan un rato para bajar el ritmo o recuperarse después de llegar a la otra casa, y dejar ese espacio, en lugar de esperar que se enganchen de inmediato, ayuda muchísimo.
Dos entornos sensoriales
Los peques autistas suelen tener necesidades y sensibilidades sensoriales muy propias, y vivir en dos casas significa dos entornos sensoriales, que pueden ser bastante distintos entre sí. Una casa puede ser tranquila y silenciosa de las maneras que tu peque necesita; la otra puede ser más ruidosa, más brillante o más caótica de maneras que le resultan angustiantes.
Donde se pueda, que las dos casas atiendan las necesidades sensoriales del peque le ayuda a sentirse seguro en cada una. Esto puede querer decir que cada casa tenga un rincón tranquilo y de poca estimulación al que pueda retirarse, que ambas casas estén pendientes de los detonantes sensoriales que angustian a ese peque en particular, y que las dos den los apoyos sensoriales en los que se apoya. Un peque que tiene un entorno seguro a nivel sensorial en las dos casas lleva consigo una misma sensación de seguridad de una a otra. En cambio, un peque para quien una casa cubre sus necesidades sensoriales y la otra no, va a batallar en la segunda de maneras que parecen problemas de conducta, pero que en realidad son angustia sensorial.
Lo ideal es que los consuelos sensoriales que tu peque ya conoce, los objetos, herramientas o apoyos concretos que le ayudan a calmarse, viajen entre las dos casas o estén disponibles en ambas, para que el cambio no lo deje sin sus apoyos para regularse. Esta es la versión, para un peque autista, del objeto querido que viaja, y importa por la misma razón: la continuidad de las cosas que hacen que el mundo se sienta seguro.
Formas compartidas de comunicarse y de calmarse
Más allá del entorno físico, los peques autistas suelen tener estilos de comunicación y estrategias para calmarse muy propios, y estos funcionan mejor cuando son iguales en las dos casas. Si tu peque usa un sistema de comunicación en particular, que ambas casas lo usen le da continuidad. Si tiene estrategias específicas que le ayudan a regularse, que las dos casas las conozcan y las usen le da una caja de herramientas pareja. Si responde mejor a un cierto estilo de comunicación, claro, literal, predecible, que ambas casas le hablen así reduce su confusión y su angustia.
Aquí es donde la coordinación entre las dos casas rinde más. Un peque autista cuyas dos casas usan una comunicación pareja y las mismas estrategias para calmarse vive un mundo coherente que tiene sentido en los dos lugares. Un peque autista cuyas dos casas se comunican y responden de maneras completamente distintas tiene que recalibrar todo el tiempo, lo cual es agotador y lo desregula. El trabajo de coordinarse, compartir lo que funciona, mantener alineada la forma de hacer las cosas, es de verdad parte de sostener al peque.
Cuando una terapia o ciertas intervenciones son parte del apoyo del peque, coordinarlas entre las dos casas también importa, y el texto dedicado a coordinar la terapia y el apoyo entre las casas se ocupa de eso. El hilo es la coherencia: un peque autista florece en un mundo coherente, predecible, atento a lo sensorial y comunicado de forma pareja, y el esfuerzo compartido de las dos casas para darle eso es el corazón del trabajo.
La frase que te llevas
Para un peque autista, lo predecible es una necesidad de fondo, no un gusto, lo que significa que la vida en dos casas pide una estructura especialmente constante y avisada con claridad, con las sorpresas y los cambios de último momento al mínimo. El cambio de una casa a otra suele ser la parte más difícil y merece un cuidado especial: preparación por adelantado, rutinas de cambio predecibles y paciencia con la desregulación que puede provocar. Dos entornos sensoriales significan que las dos casas atiendan las necesidades sensoriales del peque y le den los apoyos para regularse que viajan entre ellas. Y unas formas compartidas de comunicarse y de calmarse en ambas casas le dan un mundo coherente que tiene sentido en los dos lugares.
Tu peque autista necesita que el mundo sea predecible y seguro a nivel sensorial, y la vida en dos casas vuelve eso más difícil de dar. Recibido con una constancia deliberada y con un entendimiento compartido entre las dos casas, es una necesidad que entre los dos sí pueden cubrir juntos.
Un peque autista necesita que el mundo tenga sentido, de forma predecible, en las dos casas. La constancia que ustedes dos construyan sobre esa distancia es lo que le deja sentirse seguro esté donde esté.
Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional calificado. Si tú o tu hijo o hija pudieran estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu localidad.