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Módulo 15 · Disciplina, reglas y valores

Valores religiosos y morales entre las dos casas

By the dip team · Clinical consultant: Pauline Sam, MD ·

Todas las edades8 min de lectura
Valores religiosos y morales entre las dos casas

Valores religiosos y morales entre las dos casas

Módulo 15 · Disciplina, reglas y valores · Artículo 08 · Wave 3 · todas las edades


En una casa hay bendición antes de comer, una misa o servicio cada semana, un conjunto de prácticas que le dan ritmo a la semana. En la otra, no lo hay. Tal vez una casa conservó la fe sobre la que se construyó la familia y la otra se fue alejando de ella. Tal vez desde siempre fueron tradiciones distintas, y lo que dentro del matrimonio era una mezcla manejable se volvió dos mundos separados entre los que ahora se mueve tu peque. Sea como sea, tu peque está creciendo con la religión o la práctica moral como algo muy presente en una casa, y como algo más chico, o distinto, en la otra.

Esta es de las diferencias más profundas entre las dos casas, porque no se trata del tiempo de pantalla ni de la hora de dormir. Se trata del sentido de las cosas, de lo que la familia considera sagrado, del marco que un niño usa para entender qué está bien y qué está mal, y cuál es su lugar en el mundo. Aquí los papás sienten que se juega mucho, y la tentación de convertirlo en una competencia es fuerte.

El principio, y es uno firme. Tu peque puede sostener dos casas con relaciones distintas con la fe y la práctica, igual que sostiene dos casas con reglas distintas, siempre que los adultos no conviertan esa diferencia en una pelea por el alma del niño. El daño no es la diferencia. El daño es que cada casa le enseñe al niño que la forma en que la otra casa se relaciona con el sentido de las cosas está mal.

La neutralidad que sostiene este artículo

Este artículo toma una postura de neutralidad total, y vale la pena decir por qué. Aquí ninguna tradición se trata como más válida, más correcta ni más importante que otra. Y ninguna forma de vivir laica, sin religión, se trata como una carencia ni como el punto de partida normal. Una casa devota y una casa laica se sostienen aquí como dos maneras legítimas de criar a un hijo, sin que ninguna sea la vara con la que se mide a la otra.

Esto importa porque el consejo solo funciona desde un terreno neutral. En el momento en que este artículo pusiera la fe por encima de su ausencia, o la ausencia por encima de la fe, se volvería inútil para la mitad de quienes lo leen, y estaría mostrando justo la toma de partido que les hace daño a los niños. Así que sea cual sea tu postura, religiosa o laica o en algún punto intermedio, lo que se dice aquí trata tu casa y la otra casa como igual de reales e igual de válidas.

La práctica puede viajar sin tener que imponerse

Lo más común es que haya una casa observante y una casa menos observante o laica. En la casa observante suele haber el temor de que la práctica del niño se pierda, de que la fe no se sostenga si la otra casa no la apoya. En la casa laica suele haber el temor de que se le imponga una práctica a un niño que está a su cuidado, o de que se le pida hacer cumplir algo en lo que no cree.

Aquí hay una forma que sí funciona, y se apoya en una distinción. La práctica puede viajar con el niño sin que la haga cumplir la casa que no la comparte.

Esto quiere decir que la casa observante le da al niño lo que necesita para llevar consigo su práctica, los rezos, las observancias, las costumbres de alimentación, lo que pida la tradición, en una forma que el niño pueda sostener en buena medida por sí mismo o con un apoyo ligero y de buena gana. Y la casa laica le hace espacio al niño para practicar sin tener que dirigirlo, creerlo ni vigilarlo. El niño reza si rezar es su práctica; en la casa laica no rezan con él, pero tampoco se lo impiden. El niño mantiene una observancia; la casa laica la acomoda sin adoptarla.

Esto le pide algo a las dos casas. Le pide a la casa observante aceptar que la práctica en la otra casa va a ser más ligera, guiada por el niño, imperfecta, en lugar de tener todo el apoyo, y dejar que eso esté bien en vez de vivirlo como una crisis. Y le pide a la casa laica hacer espacio de verdad, no una tolerancia a regañadientes, para algo que no comparte, porque le importa a la otra casa del niño y cada vez más al niño mismo. Las dos cosas son peticiones reales. Cuando se cumplen, le permiten al niño mantener su práctica en las dos casas sin que se vuelva un motivo de conflicto entre ellas.

Deja que tu peque sostenga las dos

Debajo de la logística está lo más hondo. Tu peque está formando su propia relación con el sentido de las cosas, y lo está haciendo mientras se mueve entre dos casas que se relacionan con eso de manera distinta. Lo más sano es un niño al que se le permite sostener las dos experiencias sin verse obligado a elegir.

Un niño puede rezar en una casa y no en la otra y no confundirse por eso, igual que puede tener un conjunto de reglas en cada casa. Lo que sí lo confunde y lo carga es que se le haga sentir que la forma de una casa es una traición a la otra. Al niño al que le dicen, de forma sutil o directa, que la otra casa lo está llevando por mal camino, o que la otra casa le está llenando la cabeza de tonterías, se le entrega un problema de lealtad imposible envuelto alrededor de las preguntas más profundas que enfrenta una persona.

Así que lo que toca, de los dos lados, es dejar que la experiencia que tu peque tiene de la relación de la otra casa con la fe sea terreno neutral. En la casa observante no se pinta la casa laica como un lugar donde el alma del niño está en riesgo. En la casa laica no se pinta la casa observante como un lugar donde al niño lo están adoctrinando. A cada casa se le permite ser sencillamente lo que es, y al niño se le permite moverse entre ellas, armando con el tiempo su propia relación con todo eso, que es algo que a él le toca resolver.

Lo que no hay que ponerle encima al niño

Vale la pena mantener algunos pesos concretos lejos del niño.

No lo conviertas en misionero ni en informante. Al niño no hay que encargarle que lleve la práctica a la otra casa, ni que reporte qué hace o qué deja de hacer la otra casa en lo religioso. Las dos cosas convierten al niño en un instrumento dentro de un desacuerdo de adultos sobre el sentido de la vida.

No lo hagas elegir. A un niño al que se le pide, directamente o por presión, que declare cuál es la relación verdadera con la fe se le está pidiendo que elija entre sus papás en el terreno más profundo que existe. Esa elección no es suya para hacerla bajo presión, y forzarla daña las dos relaciones.

No discutas teología a través del niño. Las preguntas de verdad, en qué se cría al niño para que crea, qué observancias mantiene, cómo se toman las decisiones sobre la crianza religiosa, son decisiones de adultos que pertenecen al canal de adultos, a veces con ayuda de fuera. No se resuelven a través de un niño que lleva y trae mensajes entre las casas. Donde estas decisiones están de verdad en disputa, vale la pena una conversación real entre las dos casas, y a veces el consejo de alguien en quien ambas confíen, algo que se trata en el módulo de Mediación y ayuda externa.

Cuando los valores de verdad chocan

A veces no es solo la práctica sino los valores morales lo que difiere, y en las dos casas hay el temor de que el niño esté recibiendo mensajes contradictorios sobre lo que está bien y lo que está mal. Aquí sigue valiendo la distinción de fondo de este módulo. La mayor parte de lo que se siente como un choque de valores es en realidad una diferencia de énfasis o de forma que el niño maneja sin problema. Dos casas pueden darles un poco más o menos de peso a la honestidad, la bondad, el deber y la libertad y aun así criar a un niño con los pies en la tierra, porque el piso moral más hondo, que las personas importan, que la crueldad está mal, que el niño es amado, casi siempre se comparte incluso entre tradiciones y maneras de ver el mundo bien distintas.

Donde sí hay una contradicción moral real y tajante que está angustiando al niño, eso es una conversación para el canal de adultos, sostenida con el mismo cuidado que cualquier desacuerdo profundo. Pero vale la pena revisar, con honestidad, si lo que tienes enfrente es una verdadera contradicción o simplemente la otra casa sosteniendo el sentido de las cosas de una manera distinta a la tuya. Eso último tu peque sí lo puede cargar. La gente lo hace, toda la vida.

La frase que te llevas

Las relaciones distintas con la fe y la práctica moral entre dos casas están entre las diferencias más profundas que un niño aprende a sortear, y se pueden sortear, sobre un terreno firmemente neutral donde ninguna tradición y ninguna vida laica se trata como la carente. La práctica puede viajar con el niño sin que la haga cumplir la casa que no la comparte. Deja que tu peque sostenga las dos experiencias sin verse obligado a elegir ni a cargar mensajes. Y mantén las decisiones teológicas y morales de verdad en el canal de adultos, lejos de los hombros del niño.

Tu peque está resolviendo en qué cree mientras camina entre dos casas. Lo más amable que pueden hacer ambas casas es dejarlo caminar, sin convertir ese camino en una traición a ninguno de los dos lados.

Tu peque puede sostener a la vez la relación de las dos casas con el sentido de la vida. Lo que no puede sostener es que le digan que amar a una es traicionar a la otra.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional calificado. Si tú o tu hijo o hija pudieran estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu localidad.