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A Year And Beyond

Cuando su estilo de crianza es distinto al tuyo

By the dip team · 12 min de lectura

Cuando su estilo de crianza es distinto al tuyo

Etapa 3 · Un año y más allá · Artículo 89 · Wave 3


La hora de dormir que sostienen en la otra casa no es la tuya. El tiempo de pantalla que permiten no es el tuyo. La forma en que manejan un berrinche, las reglas de comida que mantienen, lo que esperan con la tarea, nada de eso coincide con lo que tú haces. Algunas de esas diferencias las puedes sobrellevar. Otras no. El trabajo más difícil es averiguar cuáles son cuáles, y qué hacer con las que no puedes aguantar.

Este artículo trata de lo que de verdad es distinto entre dos casas que crían, las cuatro categorías de diferencia y cómo responder a cada una, las pláticas que vale la pena intentar, qué hacer cuando de plano no estás de acuerdo, y cómo los hijos se adaptan a lo largo de los años.

Lo que de verdad es distinto

Cuando los papás se separan, las dos casas van armando ritmos diferentes. Algunas de esas diferencias ya existían dentro del matrimonio, nomás que estaban escondidas detrás de la estructura compartida. Otras aparecen de cero, porque ahora cada quien tiene toda la libertad de llevar su casa a su manera.

Hay cinco terrenos donde suelen aparecer las diferencias.

1. Los ritmos del día. La hora de dormir, las comidas, el tiempo de pantalla, las rutinas de la mañana. La versión del matrimonio traía concesiones de fábrica; las versiones de después de la separación dejan ver lo que cada quien de verdad prefería.

2. Las formas de poner límites. Cómo se ponen las reglas, cómo funcionan las consecuencias, cómo se resuelven los desacuerdos. Esto muchas veces ya era distinto dentro del matrimonio, pero quedaba tapado porque los dos las aplicaban juntos.

3. Lo que se espera del comportamiento de los hijos. Lo que se pide en la mesa, con los quehaceres, con la tarea, con la forma en que los hijos les hablan a los adultos. Las expectativas pueden alejarse bastante una de la otra.

4. Los recursos que se destinan a ciertas cosas. Actividades, clases, equipo, vacaciones. Las dos casas gastan distinto y en prioridades distintas.

5. La cultura emocional. Cómo se habla de lo que se siente, cómo se demuestra el cariño, cómo se maneja el estrés, qué se platica abiertamente y qué se guarda. Las culturas emocionales de las dos casas muchas veces se alejan más de lo que uno se imagina.

Que haya diferencias en los cinco terrenos es lo normal. La pregunta no es si existen las diferencias; es cuáles importan lo suficiente como para hacer algo al respecto.

Las cuatro categorías de diferencia

Distintas categorías de diferencia piden distintas respuestas. Son cuatro categorías.

Categoría 1: diferencias que en realidad no importan

Los hijos desayunan cosas distintas en cada casa. En la otra, la hora de dormir es 30 minutos más tarde. El tiempo de pantalla del fin de semana es un poquito más relajado. En cada casa usan otra marca de jabón.

Qué significa esto: las diferencias caben dentro del rango normal de la crianza. Los hijos se adaptan con facilidad. Esas diferencias no afectan su bienestar ni su desarrollo.

Qué hacer: nada. Estas diferencias son parte de vivir en dos casas. Tratar de emparejarlas genera fricción sin ningún beneficio. El sistema nervioso de los hijos es lo bastante fuerte como para aguantar dos casas un poco distintas.

El error: convertir estas diferencias en un proyecto. Necesito que sigan nuestra hora de dormir cuando están conmigo también. El proyecto genera conflicto y les enseña a los hijos a sentir que las diferencias son algo tenso, cuando no tenían por qué serlo.

Categoría 2: diferencias que importan un poco, pero que puedes aguantar

Hay costumbres de la otra casa que te molestan. El tiempo de pantalla es algo más de lo que tú quisieras. La comida es más permisiva. La hora de dormir se estira cuando tú crees que no debería. Nada de esto hace daño; nomás no es lo que tú harías.

Qué significa esto: diferencias reales, pero dentro de lo que puedes absorber sin sacrificar lo de tu propia casa.

Qué hacer: sostén tus reglas en tu casa. No trates de imponerlas en la de allá. Los hijos aprenden a moverse con distintas reglas en distintos lugares. Eso es una habilidad, no un problema.

El error: la agresión pasiva. Suspirar cuando los hijos mencionan algo de la otra casa. Soltar comentaritos. No puedo creer que te dejen desvelarte así. Los hijos absorben la desaprobación y aprenden que sus dos casas están en tensión. Eso hace más daño que el tiempo de pantalla en sí.

Categoría 3: diferencias que importan y necesitan una plática

Una forma de poner límites que en la otra casa usan y que tú sientes demasiado dura, o demasiado blanda. Ritmos del calendario que están afectando el sueño, la escuela o la estabilidad de los hijos. Expectativas que les están provocando un estrés que se nota.

Qué significa esto: diferencias con efectos reales en los hijos, que conviene atender.

Qué hacer: ten una plática directa, armada alrededor de lo que estás observando y no alrededor de cómo crían. Me he dado cuenta de que Sam llega bien cansado los lunes en la mañana, después de los domingos en tu casa. ¿Habrá algo que podamos ajustar con la hora de dormir para que la semana de escuela le pese menos?

La forma importa. Observaciones concretas, centradas en el bienestar de los hijos, con una propuesta para trabajar juntos. No una crítica a su crianza en general.

Algunas pláticas terminan en un acuerdo. Otras terminan a la defensiva. Aun así vale la pena tener la plática, porque la otra opción es dejar que la diferencia siga sin que nadie la toque.

Categoría 4: diferencias que importan y que en la otra casa no van a cambiar

Igual que la Categoría 3, pero ya lo planteaste y en la otra casa no ajustaron nada. La hora de dormir sigue suelta. La forma de poner límites sigue igual. A los hijos les pega y nada se mueve.

Qué significa esto: una diferencia real que no puedes cambiar tú solo.

Qué hacer: tres opciones, en orden.

Primero, refuerza lo que sí puedes controlar de tu lado. La experiencia de los hijos la forman las dos casas. Si no puedes cambiar la de allá, fortalece la tuya. Mejor calendario de sueño en tus noches. Rutinas más armadas durante tu tiempo. El bienestar general de los hijos lo puede sostener tu mitad, aunque la de allá no ayude.

Segundo, documenta y plantéalo por canales formales si la diferencia es seria. Alguien que coordine la crianza compartida, una persona que medie y, en casos extremos, el marco legal que rige sus acuerdos. La mayoría de los acuerdos incluyen ciertas reglas que el canal formal sí puede atender.

Tercero, acepta lo que no puedes cambiar. Algunas diferencias van a seguir ahí. Los hijos salen bien de casi todas, con muy poco efecto duradero, sobre todo si tu casa les da un contrapeso constante.

Las pláticas que vale la pena intentar

Para las diferencias de Categoría 3, la plática correcta puede mover las cosas. Cinco elementos de una plática que funciona.

Elemento 1: observación, no interpretación

Sam ha estado llorando más después de los fines de semana en tu casa (observación). No: No estás manejando bien a Sam los fines de semana (interpretación).

Contra la observación es difícil discutir. La interpretación invita al pleito.

Elemento 2: centrada en el hijo, no en ustedes dos

La plática es sobre lo que el hijo necesita, no sobre quién de los dos lo está haciendo bien. Incluso cuando uno de ustedes sí lo hace bien, plantearlo como una competencia de crianza da peores resultados.

¿Qué necesita Sam de nosotros con esto?, no ¿Por qué lo estás haciendo mal?

Elemento 3: un tema a la vez

No saques seis cosas de golpe. Elige la más importante. Atiéndela. Deja que se asiente. Saca la siguiente semanas o meses después, si hace falta.

Las críticas amontonadas se oyen como un ataque a la persona. Un solo tema se oye como una preocupación concreta.

Elemento 4: una propuesta concreta

No nomás describas el problema; propón algo concreto. ¿Podríamos dejar los domingos como días más tranquilos los dos, para que Sam no llegue tan cansado a la escuela? La propuesta les da algo con qué trabajar.

Si proponen algo distinto, pueden negociar. Sin una propuesta de arranque, la plática muchas veces se queda en lo abstracto.

Elemento 5: aceptar la respuesta

Digan lo que digan, acéptalo (en el momento). Si están de acuerdo, da las gracias en corto y deja que aterrice. Si no están de acuerdo, no insistas. De cualquier modo, la plática ya hizo lo que podía hacer en una sentada.

Empujar más allá de lo que ya respondieron casi siempre da peores resultados que esperar y volver a tocar el tema después.

Cuando de plano no estás de acuerdo

Algunas diferencias no son nomás de estilo. Son de valores. Tú crees que la forma en que están manejando algo está mal, no nada más que es distinta.

Tres principios.

1. Distingue entre lo malo para los hijos y lo malo según tus valores

Son cosas distintas. Una decisión de crianza puede estar mal según tus valores sin hacerle daño a los hijos. A los hijos por lo general les va bien con crianza que a ti no te late, mientras de verdad no los esté dañando.

La mayoría de las diferencias de crianza caen en lo malo según tus valores. Los hijos están bien. No tienes que aprobar el método. Tampoco tienes que arreglarlo.

2. Guarda la respuesta más fuerte para los patrones que de verdad hacen daño

Si la crianza en la otra casa de plano está provocando daño, abandono, daño emocional, exposición a ambientes peligrosos, conductas que están afectando la salud mental o la seguridad de los hijos, la respuesta es otra. Documenta, plantéalo por canales profesionales, busca asesoría legal si hace falta.

A la mayoría de los papás en la Etapa 3 esto no les va a tocar. A algunos sí. Aprende a distinguir entre no estoy de acuerdo con su método y su método está dañando a los hijos. Lo segundo pide subir el nivel de respuesta; lo primero, casi nunca.

3. No trates de ganar el desacuerdo a la larga

No vas a convertir a la otra persona a tu estilo de crianza. La mayoría de los papás no cambian su enfoque de fondo después de años criando. El trabajo no es la conversión; es convivir dentro de la vida de los hijos.

La meta son dos casas que funcionan, no una sola casa reproducida en dos lugares.

Cómo se adaptan los hijos a lo largo de los años

La buena noticia, sostenida por mucha observación: los hijos son sorprendentemente buenos para manejar reglas distintas en casas distintas. Para el segundo o el tercer año, la mayoría ya integró la diferencia sin problema.

Lo que vas a ver a lo largo de los años.

1. Desarrollan oficio para vivir en dos casas. En casa de papá, la hora de dormir es a las 9. En casa de mamá, es en la mañana. Hacen el cambio con soltura. Acordarse de las dos cuesta poco una vez que ya les es familiar.

2. Desarrollan sus propias preferencias entre las dos casas. A veces van a preferir tu forma de hacer algo. A veces la de la otra casa. A veces van a tener una preferencia que no es ni la de uno ni la del otro. Estar en dos casas les da más información que la que tienen los hijos de una sola.

3. Desarrollan sus propias habilidades diplomáticas. Los hijos que crecen en dos casas muchas veces se vuelven especialmente buenos para moverse entre las expectativas de distintos adultos. Esa habilidad, aprendida de chicos, les sirve después en otros contextos.

4. Las diferencias pesan menos con el tiempo. El primer año, cada diferencia se les hace enorme. Para el tercer o cuarto año, las diferencias ya son de contexto. Ni se dan cuenta de que se están adaptando, porque la adaptación ya está completa.

5. Se forman su propia opinión sobre las diferencias. Para la adolescencia, los hijos van armando su propia opinión sobre qué método de cuál casa prefieren para ciertas cosas. A veces vas a oír esas opiniones directo. La mayoría de las veces, nada más se quedan con su propia versión de las cosas en los dos lados.

Este camino no está garantizado, pero es lo típico. A los hijos de dos casas con diferencias grandes de crianza por lo general les va bien. Cuando no les va bien, casi siempre es por el conflicto entre los papás a causa de las diferencias, no por las diferencias en sí.

Cuando las diferencias son sobre ti

Una nota que vale la pena hacer. A veces las diferencias son sobre tus reglas, no sobre las de allá. Tu hora de dormir es de lo más estricta. Tu tiempo de pantalla es de lo más limitado. Tus reglas de comida son poco comunes.

Si los hijos dicen una y otra vez que prefieren la forma de la otra casa, y otros adultos en quienes confías coinciden en que tus reglas podrían ser poco comunes, vale la pena revisar si tu enfoque está bien calibrado.

Esto es incómodo. El instinto es defender las reglas como las correctas. Pero las reglas están bien o mal según si les sirven a los hijos, no según si son tuyas.

La prueba: ¿otros papás razonables estarían de acuerdo en que tus reglas son razonables? Si sí, sostén la línea. Si no, considera ajustar.

Referencia rápida

Cinco terrenos de diferencia entre dos casas:

  1. Los ritmos del día.
  2. Las formas de poner límites.
  3. Lo que se espera del comportamiento de los hijos.
  4. Los recursos que se destinan a las cosas.
  5. La cultura emocional.

Cuatro categorías de diferencia y qué hacer:

  1. No importa (no hagas nada; no lo conviertas en proyecto).
  2. Importa un poco, lo puedes aguantar (sostén tus reglas en tu casa, no las impongas en la de allá).
  3. Importa, necesita plática (plática directa sobre el bienestar del hijo).
  4. Importa, no van a cambiar (refuerza tu lado, documenta y sube el nivel si es serio, acepta lo que no puedes cambiar).

Cinco elementos de una plática que funciona:

  1. Observación, no interpretación.
  2. Centrada en el hijo, no en ustedes dos.
  3. Un tema a la vez.
  4. Una propuesta concreta.
  5. Aceptar la respuesta.

Cuando de plano no estás de acuerdo:

  • Distingue entre lo malo para los hijos y lo malo según tus valores.
  • Guarda la respuesta más fuerte para los patrones que de verdad hacen daño.
  • No trates de ganar el desacuerdo a la larga.

Cómo se adaptan los hijos a lo largo de los años:

  • Desarrollan oficio para vivir en dos casas.
  • Se forman sus propias preferencias.
  • Desarrollan habilidades diplomáticas.
  • Las diferencias pesan menos con el tiempo.
  • En la adolescencia, se forman su propia opinión.

Cuando las diferencias son sobre ti:

  • Revisa si tus reglas le parecerían razonables a otros papás.
  • Si varias fuentes lo cuestionan una y otra vez, considera ajustar.

Para cerrar

Dos casas son dos casas. Los hijos se quedan con lo bueno de las dos y con las diferencias de las dos. La chamba no es hacer que las dos sean iguales.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional calificado. Si tú o tu hijo o hija pudieran estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu localidad.