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A Year And Beyond

Soltar de a poco la necesidad de tener la razón

By the dip team · 6 min de lectura

Soltar de a poco la necesidad de tener la razón

Etapa 3 · Un año y más allá · Artículo 137 · Wave 3


Te sabes el caso de memoria. El relato completo de lo que pasó, quién hizo qué, dónde estuvo la culpa, por qué tenías la razón. Se lo has contado a tus amistades, te lo has contado a ti, bajo la regadera, a las tres de la mañana. Y es verdad, o lo suficientemente verdad. Pero en algún punto después del primer año empezaste a notar que sostenerlo, tener la razón, mantener el relato al día y completo, te está costando algo, y que a quien le cuesta es a ti, no a la otra persona. El tener la razón se volvió un peso que cargas, y empiezas a preguntarte qué significaría soltarlo.

De eso trata este artículo. De soltar despacio, sin forzarlo, la necesidad de tener la razón sobre cómo terminó la relación. Por qué esa necesidad es tan fuerte, por qué sostenerla te deja atorado, y qué implica de verdad soltarla, que no es perdonar, ni olvidar, ni decidir que estabas equivocado.

Por qué tener la razón importa tanto

La necesidad de tener la razón después de una separación no es mezquindad. Está haciendo un trabajo psicológico de verdad.

Tener la razón le da sentido a los escombros. Si logras armar un relato claro de lo que pasó y de quién fue la culpa, el caos se vuelve una historia, y una historia es más fácil de sobrellevar que una pérdida sin sentido. El caso es una forma de ponerle orden a algo que te dolió.

Tener la razón te protege. Si la culpa fue de la otra persona, entonces no eres tú quien falló, y tu manera de verte a ti sobrevive entera al final. El caso es, en parte, un escudo para tu propio valor en un momento en que recibió un golpe fuerte.

Y tener la razón se siente como justicia. Cuando el final fue injusto, cuando te hicieron un agravio y nadie lo ha reconocido, sostener el relato es una manera de que ese agravio no se borre. Soltar puede sentirse como dejar que se salgan con la suya.

Así que la necesidad te está sirviendo de algo, y por eso cuesta tanto soltarla. No es un defecto. Es una estructura que construiste para sobrevivir al final, y como muchas de esas estructuras, dura más de lo que es útil y empieza a costar más de lo que da.

Por qué sostenerlo te deja atorado

El problema con el caso es que mantenerlo te obliga a mantener viva la relación en la cabeza. Cada vez que repasas quién tenía la razón, vuelves a correr el dolor. Cada repetición mental del relato te ata, otra vez, a la persona de la que tratas de liberarte. Mientras sigas llevando el caso, sigues dentro de la relación, solo que en su juzgado y ya no en su casa.

Tener la razón también tiende a dejarte en el papel de la parte agraviada, y ese papel, sostenido demasiado tiempo, le va dando forma a una vida sin que te des cuenta. Organiza tu historia alrededor de lo que te hicieron y no de lo que estás construyendo ahora. Mantiene a la otra casa en el centro de tu mundo interior, ocupando un espacio que podría ser para tu propia vida. El caso, por justo que sea, es una cuerda que te amarra, y no puedes avanzar del todo mientras tú mismo sostengas el otro extremo.

Qué es soltar, en realidad

Vale la pena ser preciso en esta parte, porque soltar la necesidad de tener la razón se malentiende muchísimo.

No es decidir que estabas equivocado. Puedes soltar la necesidad de tener la razón y, en privado, seguir sabiendo que la tenías. Soltar no es revertir el veredicto.

No es perdonar a la otra persona, no necesariamente. El perdón es otra cosa, con sus propios tiempos, y no tienes que llegar a él para poder dejar el caso. (Otro artículo de este grupo trata específicamente del perdón.)

No es olvidar, ni hacer como que no pasó, ni negar el agravio. Los hechos siguen siendo los hechos.

Lo que sí es, es soltar la necesidad. Es llegar a un punto en el que ya no requieres que la otra persona esté de acuerdo, ya no necesitas que reconozca el relato, ya no tienes que mantener el caso al día para sentirte bien. La verdad de lo que pasó puede simplemente quedarse ahí, asentada, sin que tengas que levantarla en alto y andarla probando una y otra vez. Dejas de llevar el caso, no porque el caso estuviera mal, sino porque ya no necesitas el veredicto para vivir bien.

Cómo suele pasar

No puedes forzarlo, y tratar de forzarlo casi siempre nomás le agrega una capa de frustración. Pero sí puedes hacerle lugar.

Date cuenta de lo que cuesta. El soltar muchas veces empieza el día en que sientes con claridad lo que sostener el caso te está costando, la energía, los repasos de las tres de la mañana, la manera en que mantiene a la otra persona en el centro. Ver el precio con claridad hace que soltarlo se vuelva atractivo en lugar de amenazante.

Deja de alimentarlo. Cada vez que repasas el caso con alguien o en tu cabeza, lo refuerzas. No tienes que reprimir los pensamientos, pero sí puedes negarte a recitar el relato completo otra vez, y notar que las ganas de hacerlo se van apagando cuando no las alimentas.

Suelta el reconocimiento que estás esperando. Buena parte de lo que sostienes es una espera a que la otra persona admita que estaba equivocada. Esa admisión normalmente no va a llegar, y tu paz no puede depender de ella. (El siguiente artículo trata justo de esa espera.) Soltar la exigencia de que lo reconozca es casi todo lo que es soltar el caso.

Deja que el tiempo y una vida más llena hagan el resto. A medida que tu propia vida se llena de cosas que no son la otra casa, el caso pierde su fuerza solito, porque hay más de ti que ya no está organizado alrededor de él. El soltar muchas veces es menos una decisión y más un darte cuenta, un día, de que llevas semanas sin correr el relato, y que no lo extrañaste.

Para cerrar

La necesidad de tener la razón fue una estructura que construiste para sobrevivir a un final que dolió y que quizá fue de verdad injusto. Cumplió su función. Pero sostenida demasiado tiempo, te mantiene amarrado a la relación y centrado en la persona de la que tratas de liberarte, a un costo que solo pagas tú. Soltarla no es admitir que estabas equivocado, ni perdonar, ni olvidar. Es soltar la necesidad del veredicto, para que la verdad pueda quedarse asentada y tú puedas voltear de lleno hacia tu propia vida. Lo más probable es que tuvieras la razón. Y aun así puedes soltarlo, y quedar más libre por hacerlo.

Referencia rápida

  • La necesidad de tener la razón hace un trabajo de verdad: le da sentido a los escombros, protege tu valor y se siente como justicia. Es una estructura de supervivencia, no mezquindad.
  • Sostenerla te deja atorado: mantener el caso vuelve a correr el dolor, mantiene a la otra casa en el centro y te deja en el papel de la parte agraviada.
  • Soltar no es decidir que estabas equivocado, no es necesariamente perdonar, ni olvidar. Es soltar la necesidad del veredicto y del reconocimiento.
  • Pasa cuando te das cuenta de lo que cuesta, cuando dejas de alimentar el caso, cuando sueltas la espera de que admita la culpa, y cuando dejas que una vida más llena le vaya quitando fuerza.

Lo más probable es que tuvieras la razón. Aun así puedes soltarlo. Soltar la necesidad de tener la razón no es ceder; es soltar la necesidad de un veredicto que ya no requieres para vivir bien.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional calificado. Si tú o tu hijo o hija pudieran estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu localidad.