Pasatiempos, de esos que no tienen que convertirse en nada
By the dip team · 5 min de lectura

Etapa 3 · Un año y más allá · Artículo 123 · Wave 3 · Tender
En algún momento del segundo año, retomaste algo. Una guitarra que estaba guardada en un clóset. Unos tenis para correr. Barro, pintura, una masa madre, una bici, una caña de pescar, una app para aprender un idioma. Medio esperabas dejarlo después de una semana, como dejaste tantas cosas en los meses pesados. Pero este se quedó. Y una noche, a la mitad de hacerlo, y haciéndolo mal, te diste cuenta de que estabas completamente metido en ello, de que no tenías ningún plan de volverte bueno, y de que ese era el momento más relajado que habías tenido en mucho tiempo.
Este artículo es sobre ese tipo de pasatiempo. El que no tiene que convertirse en nada, el que no tiene más propósito que el de hacerlo. Por qué importa en esta etapa, por qué la presión de volverlo productivo lo arruina, y por qué hacer algo mal puede ser una de las cosas más sanas que hagas en todo el año.
Por qué un pasatiempo inútil es justo lo que necesitas
Buena parte del primer año es de pura utilidad. Todo lo que haces es para algo: pasar el día, sostener la logística, ayudar a los hijos, procesar el duelo. Hasta el cuidarte tiene una meta. Útil, sí, pero implacable, y una vida hecha por completo de actividad útil te va desgastando en silencio.
Un pasatiempo que no tiene que convertirse en nada es el antídoto. Es una hora que no es para nada. No te estás mejorando, no estás siendo productivo, no estás sanando según un calendario. Solo estás haciendo algo porque hacerlo se siente bien. Esa absorción sin propósito es rara en la vida adulta, y es profundamente reparadora, porque es el único lugar donde tu atención puede descansar por completo en algo que no te pide nada a cambio.
La trampa: volverlo productivo
El reflejo moderno, en cuanto un pasatiempo empieza a funcionar, es monetizarlo, optimizarlo o convertirlo en una meta. El pan se vuelve un posible negocito. El correr se vuelve un plan de entrenamiento con un tiempo a vencer. La pintura se vuelve un ¿debería venderlas? Y en el momento en que eso pasa, el pasatiempo deja de hacer su trabajo, calladito, porque ahora otra vez es para algo, ahora hay un estándar que cumplir, y el descanso que te daba se acabó.
No tienes que volverte bueno. No tienes que mostrárselo a nadie. No tienes que tener nada que enseñar al final. El pan se puede nomás comer. La pintura puede ir a un cajón. El punto era la hora, no el resultado. Cuidar el pasatiempo de tu propia ambición es parte de la habilidad de tenerlo.
Por qué hacerlo mal es justo el punto
Hay una libertad muy particular en ser principiante en algo donde nada está en juego. De adultos, sobre todo los capaces que sostienen una casa entera, casi siempre hacemos cosas que ya se nos dan bien. Ser nuevo en algo, malo y feliz de serlo, sin que nadie dependa del resultado, es un tipo de juego que la mayoría de los adultos ya perdió.
También te hace bien de una forma que va más allá de relajarte. Aprender una habilidad de verdad nueva, despacito, construye algo. Te recuerda que todavía puedes crecer, que todavía puedes mejorar tantito en algo a punta de pura repetición, que todavía te puedes sorprender a ti mismo. Después de una época en la que mucho se sintió como pérdida y aguante, la competencia chiquita y sin drama de esto me sale un poquito mejor que la semana pasada te va dando fuerza en silencio. Reconstruye una sensación de avance en un terreno donde fallar no cuesta nada.
Cómo encaja el pasatiempo en la nueva vida
El tiempo a solas que antes era un problema, las noches vacías, los fines de semana sin los hijos, es justo donde vive el pasatiempo. Convierte las horas que antes se sentían como ausencia en horas con una forma y un pequeño gusto adentro. Así es como el tiempo a solas deja de ser algo que hay que sobrellevar: agarra un contenido que es puramente tuyo.
Algunos pasatiempos también reconstruyen una vida social, sin que esa sea la meta. El club de corredores, la clase de cerámica, la cascarita, el coro. Fuiste por la actividad, y la gente vino con ella. Es una forma suave y sin presión de conocer a otros en esta etapa, justamente porque el punto no es conocer a otros, es lo que ambos están ahí para hacer.
Y algunos de estos pasatiempos resultan ser parte de quien estás llegando a ser. Eso que retomaste al azar se vuelve, con uno o dos años, algo por lo que te conocen, una parte real de tu identidad en la vida de después. Sigue sin tener que convertirse en nada. Solo que, a veces, lo hace, y eso también está bien, mientras haya crecido ahí por su cuenta y tú no lo hayas forzado.
Si no logras encontrar uno
Algunas personas en esta etapa sienten que perdieron la capacidad de interesarse por nada, y la idea de un pasatiempo se siente imposiblemente lejana. Casi siempre es la planicie del duelo o el ánimo bajo, no un hecho permanente sobre ti. Empieza absurdamente pequeño. No un pasatiempo, un solo intento. Pide prestada la cosa en lugar de comprarla. Pruébala una vez sin ninguna expectativa de seguir. El interés muchas veces no llega antes de la actividad. Llega durante, unos minutos adentro, cuando ya dejaste de pensar en si te interesa y nomás empezaste a hacerlo. Si esa planicie lo cubre todo y se queda, vale la pena platicarlo con un médico o terapeuta, porque la pérdida persistente de interés también es un síntoma que conviene revisar.
Para cerrar
El pasatiempo que no tiene que convertirse en nada es uno de los lujos callados de la vida de después. Es una hora sin razón, una competencia sin nada en juego, un gusto sin propósito, y después de un largo tramo en el que todo tenía que ser para algo, eso no es frívolo. Es una señal de salud. Retoma la cosa. Hazla mal. Déjala ser inútil. Ese es todo el punto, y el punto es bueno.
Referencia rápida
- Un pasatiempo sin propósito es el antídoto a un año de pura utilidad implacable. Una hora que no es para nada te descansa hondo.
- Resiste la tentación de monetizarlo o optimizarlo; en el momento en que tiene una meta, deja de hacer su trabajo.
- Ser malo y feliz de serlo en algo donde nada está en juego es un tipo de juego, y la competencia chiquita reconstruye la sensación de avance.
- Le da contenido al tiempo a solas, a veces reconstruye una vida social de reojo, y a veces se vuelve parte de quien eres.
- Si nada te interesa, empieza absurdamente pequeño. Si la planicie lo cubre todo y se queda, coméntalo con un médico.
El punto era la hora, no el resultado. Un gusto que no tiene que convertirse en nada es uno de los lujos callados de la vida de después.
Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional calificado. Si tú o tu hijo o hija pudieran estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu localidad.