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El perdón en tu tradición y el perdón como trabajo interior

By the dip team · 11 min de lectura

El perdón en tu tradición y el perdón como trabajo interior

Etapa 3 · Un año y más allá · Artículo 77 · Wave 3


Casi toda tradición tiene algo que decir sobre el perdón. La enseñanza cambia de una a otra: qué es el perdón, hacia quién se dirige, si requiere o no que la otra persona participe, si es un deber o un regalo, si puede ser parcial. Para la Etapa 3, lo más probable es que ya te hayas topado con lo que tu tradición enseña sobre esto y que también hayas hecho algo del trabajo interior, el psicológico, que lleva el mismo nombre. Los dos sentidos del perdón no son idénticos, y vale la pena ver con calma cómo se relacionan entre sí.

Este artículo trata los dos sentidos, por qué las tradiciones enseñan el perdón, por qué la psicología del trabajo interior lo enseña de otra manera, cuándo coinciden los dos, cuándo chocan, qué no tiene por qué significar el perdón, y qué hacer si lo que tu tradición enseña te parece más de lo que puedes dar.

Los dos sentidos

La palabra perdón abarca por lo menos dos cosas distintas.

El perdón tradicional es lo que tu tradición enseña. Los detalles cambian muchísimo. Algunas tradiciones enseñan el perdón como un deber religioso. Otras lo enseñan como una práctica espiritual que libera a quien perdona. Otras lo enseñan como un acto entre personas que requiere que quien ofendió participe. Otras lo enseñan como un estado de gracia que se recibe más que se logra. Dentro de cada tradición, esas enseñanzas tienen una estructura teológica muy concreta.

El perdón como trabajo interior es el trabajo psicológico de soltar el peso que las acciones de alguien tienen sobre tu vida de hoy. Es el trabajo del que habló el Artículo 53. No requiere que la otra persona participe. No requiere reconciliación. Ocurre por dentro y es para tu propia vida, no para la relación.

Los dos sentidos se traslapan bastante en algunas tradiciones y se separan mucho en otras. La relación entre ambos no es sencilla.

Por qué las tradiciones enseñan el perdón

Las tradiciones enseñan el perdón por varias razones que vale la pena entender.

1. Le hace bien a quien perdona. Casi todas las tradiciones han notado que quienes cargan un rencor durante años sufren más que quienes lo sueltan. La enseñanza guarda esa observación. El trabajo del perdón, sin importar cómo se le plantee, tiene beneficios psicológicos que las tradiciones conocen desde hace siglos.

2. Le hace bien a la comunidad. Las comunidades donde la gente carga rencores de una generación a otra funcionan peor que las comunidades donde las prácticas de perdón están bien arraigadas. Las tradiciones enseñan el perdón en parte para sostener el funcionamiento de la comunidad.

3. Refleja algo que la tradición cree sobre cómo es la realidad. Para algunas tradiciones, el perdón es lo que hace lo divino y lo que se nos pide imitar. Para otras, refleja el orden profundo de cómo funciona el mundo. La enseñanza no es solo práctica; también es teológica.

4. Hace posibles ciertas funciones religiosas. En muchas tradiciones, los sacramentos, las oraciones y ciertas prácticas piden el perdón como condición previa o como parte de ellas. La enseñanza vuelve accesibles esas prácticas.

En casi todas las tradiciones, la enseñanza tiene varias capas. Reducirla a una sola suele deformarla.

Por qué la psicología del trabajo interior lo enseña de otra manera

La versión psicológica viene de otra raíz. Sus propósitos se traslapan con los del perdón tradicional, pero su estructura es distinta.

1. Pone en el centro a quien hace el trabajo. La versión psicológica es, sin lugar a dudas, para quien perdona. No es para la otra persona, ni para la relación, ni para una cuenta cósmica. Quien perdona suelta por su propio bien.

2. No requiere aprobar lo que pasó. La versión psicológica separa con claridad el perdón de la aprobación. Puedes perdonar a alguien por algo que sigues considerando que estuvo mal. Soltar no es darle el visto bueno.

3. Puede ser parcial y poco a poco. La versión psicológica deja espacio para un perdón parcial. Puedes soltar parte del peso y seguir guardando algo de rencor. Puedes perdonar una cosa y que otra siga afectándote.

4. No requiere que la otra persona participe. La versión psicológica está completa aunque la otra persona no lo sepa, no esté de acuerdo o no participe. El trabajo ocurre por dentro, sin importar lo que la otra persona haga.

La versión psicológica es, en el fondo, individual. Está ajustada al bienestar de quien perdona, no a marcos de relación, comunidad o teología.

Cuándo coinciden los dos

Para muchos lectores, los dos sentidos coinciden sin problema. Tres patrones comunes en los que se acomodan bien.

Patrón 1: el marco de la tradición sostiene el trabajo psicológico

Lo que enseña la tradición te da marco y lenguaje para el trabajo psicológico. El trabajo psicológico lleva la enseñanza de la tradición a la vida real. Los dos se refuerzan entre sí.

Esta es la coincidencia más común. La tradición da el porqué; la psicología da el cómo.

Patrón 2: las prácticas de la tradición facilitan el trabajo psicológico

La oración, la meditación, el ritual, la confesión y otras prácticas de la tradición producen cambios que hacen avanzar el trabajo psicológico. El trabajo que por pura reflexión habría tardado años se da con más fluidez a través de la práctica.

Patrón 3: el trabajo psicológico ilumina la enseñanza de la tradición

Para algunos lectores, hacer el trabajo psicológico aclara lo que de verdad significa la enseñanza de la tradición. La enseñanza que parecía abstracta se vuelve concreta a través del trabajo. La tradición se enriquece, no se empobrece, con ese trabajo psicológico.

Cuando hay coincidencia, los dos sentidos funcionan juntos y el lector no tiene que escoger entre ellos.

Cuándo chocan los dos

Para algunos lectores, los dos sentidos chocan. Cinco choques comunes.

Choque 1: la tradición pide un perdón que no sientes

Algunas tradiciones enseñan que el perdón es un deber más que un resultado. Se te pide perdonar incluso cuando no has hecho el trabajo para llegar a ese estado. Esa petición puede sentirse como una presión espiritual para fingir algo que no ha ocurrido.

Choque 2: la tradición exige reconciliación

Algunas tradiciones amarran el perdón a la reconciliación. La versión psicológica no. Si tu tradición exige reconciliación como parte del perdón, y no es seguro reconciliarse con la otra casa, el choque entre los dos sentidos se vuelve muy fuerte.

Choque 3: la tradición tiene tiempos que el trabajo psicológico no tiene

Algunas tradiciones tienen momentos específicos (temporadas de confesión, días santos, ciertos puntos del calendario litúrgico) en los que se supone que hay que ejercer el perdón. El trabajo psicológico tiene sus propios tiempos, que tal vez no coincidan con el calendario de la tradición.

Choque 4: el enfoque de la tradición se centra en la otra persona

Algunas tradiciones enseñan el perdón sobre todo como algo entre personas, centrado en la redención o la restauración de la otra persona. La versión psicológica se centra en quien perdona. Esas dos orientaciones pueden jalar en direcciones distintas.

Choque 5: la vara de la tradición se siente imposible de alcanzar

Algunas tradiciones enseñan el perdón en términos absolutos: pleno, completo, sin vuelta atrás. La versión psicológica se lleva bien con un perdón parcial y gradual. Ese contraste puede hacer que la vara de la tradición se sienta imposible, mientras que el trabajo psicológico se siente insuficiente a los ojos de la tradición.

Los choques son reales. Muchos lectores los sobrellevan sosteniendo los dos sentidos sin forzarlos a ser idénticos.

Qué no tiene por qué significar el perdón

En los dos sentidos, hay cinco cosas que el perdón no requiere.

1. Aprobar lo que pasó. Perdonar no significa que lo que se hizo estuvo bien. Puede significar soltar el peso y seguir considerando que lo que se hizo estuvo mal.

2. Reconciliarte con la persona. Perdonar no requiere retomar la relación. Puedes perdonar a alguien con quien nunca volverás a hablar.

3. Olvidar. Perdonar no requiere fingir que las cosas no pasaron. Lo que pasó se queda en tu historia; el perdón cambia su peso, no su realidad.

4. Estar en paz con las consecuencias. Perdonar no requiere aceptar todas las consecuencias como si nada. Puedes perdonar a alguien y seguir doliéndote por las consecuencias de lo que hizo.

5. Hacerlo una vez y darlo por terminado. El perdón muchas veces no es un solo momento. Ocurre poco a poco, a lo largo de los años. Puedes perdonar algo en el año dos y que vuelva a salir en el año cinco pidiendo más perdón. El trabajo no queda cerrado con un solo acto.

Estas distinciones importan porque, cuando faltan, uno se queda atorado sin necesidad. Muchos lectores sienten que no pueden perdonar porque creen que el perdón requiere una de estas cosas, o varias. Soltar los requisitos que no hacen falta muchas veces libera el trabajo del perdón.

Qué hacer si lo que tu tradición enseña te parece más de lo que puedes dar

Algunos lectores sienten que lo que su tradición enseña sobre el perdón pide más de lo que pueden dar por ahora. Cinco prácticas para esta situación.

1. Distingue el ideal de la enseñanza de la obligación inmediata

Casi todas las tradiciones tienen, por un lado, un estado ideal de perdón y, por otro, una aplicación más pastoral para personas comunes en dificultades comunes. El ideal es algo a lo que aspirar; la aplicación pastoral es lo que de verdad tienes que hacer hoy. Busca la aplicación pastoral de tu tradición; suele ser más humana que la versión ideal.

2. Habla con alguien de tu tradición que ya haya hecho este trabajo

El Artículo 70 trata de esa conversación con alguien sabio dentro de tu tradición. Esa plática puede aclarar qué pide de verdad tu tradición frente a lo que solo se siente como exigencia. Muchas veces lo que de verdad se pide es menos de lo que uno siente que se le pide.

3. Deja que el trabajo sea poco a poco

Aunque tu tradición enseñe el perdón como un acto completo, no tienes que llegar a esa plenitud para estar haciendo el trabajo. Avanza hacia ahí. Practica las partes que sí están a tu alcance. Deja que lo demás llegue.

4. No finjas lo que no ha pasado

Fingir un perdón que en realidad no sientes es peor que reconocer que el trabajo del perdón está incompleto. La actuación produce un desorden espiritual. Reconocerlo es honesto.

5. Sostén la tensión si hace falta

Para algunos lectores, la distancia entre lo que enseña la tradición y lo que pueden dar se mantiene durante años. Esa distancia se sostiene en lugar de resolverse. A veces esa es la única posición posible. No fuerces una solución antes de tiempo; tarde o temprano la distancia puede cerrarse.

Cuándo el trabajo del perdón está suficientemente hecho

La versión psicológica casi nunca está del todo terminada. La versión de la tradición tal vez tenga señales de cierre concretas que tu tradición reconoce. Cinco señales prácticas de que el trabajo del perdón llegó a una profundidad que ya sirve.

1. Las acciones de la otra persona ya no organizan tu presente. Casi ningún día piensas en lo que hizo. Y cuando lo piensas, eso no te reorganiza el día.

2. Puedes desearle el bien sin forzarlo. Hay alguna versión callada de buena voluntad hacia esa persona, aunque no sea entusiasta.

3. El matrimonio y su final se acomodaron en el pasado. Los Artículos 64 y 80 tratan esto. El matrimonio fue lo que fue. Ya no necesitas que hubiera sido distinto.

4. La relación de tu peque con la otra casa no está marcada por tu rencor de siempre. Puedes apoyar la relación de tu peque con la otra casa porque nada dentro de ti necesita que no la tenga.

5. Puedes sostener lo que costó sin sacar a relucir la ofensa. Puedes nombrar lo que ha sido difícil sin traer a cuento lo que esa persona hizo. Lo que costó es real; nombrarlo no exige tener que procesar el rencor.

Si la mayoría de estas señales están presentes, el trabajo del perdón, en cualquiera de los dos sentidos, llegó a una profundidad que ya sirve. Puede que siga desarrollándose más, pero ya está haciendo aquello para lo que es.

Referencia rápida

Dos sentidos del perdón:

  • Tradicional: lo que tu tradición enseña.
  • Trabajo interior: soltar por dentro el peso sobre tu vida de hoy.

Cuatro razones por las que las tradiciones enseñan el perdón:

  • Le hace bien a quien perdona.
  • Le hace bien a la comunidad.
  • Refleja lo que la tradición cree sobre la realidad.
  • Hace posibles ciertas funciones religiosas.

En qué se diferencia la versión del trabajo interior:

  • Pone en el centro a quien perdona.
  • No requiere aprobación.
  • Puede ser parcial y poco a poco.
  • No requiere que la otra persona participe.

Tres patrones de coincidencia:

  1. La tradición sostiene el trabajo psicológico.
  2. Las prácticas de la tradición lo facilitan.
  3. El trabajo psicológico ilumina la enseñanza de la tradición.

Cinco choques comunes:

  1. La tradición pide un perdón que no sientes.
  2. La tradición exige reconciliación.
  3. Los tiempos de la tradición no coinciden con los del trabajo psicológico.
  4. La tradición se centra en la otra persona.
  5. La vara de la tradición se siente imposible de alcanzar.

Cinco cosas que el perdón no requiere:

  1. Aprobación.
  2. Reconciliación.
  3. Olvidar.
  4. Estar en paz con las consecuencias.
  5. Hacerlo una vez y darlo por terminado.

Si lo que tu tradición enseña te parece más de lo que puedes dar:

  1. Distingue el ideal de la aplicación pastoral.
  2. Habla con alguien sabio dentro de tu tradición.
  3. Deja que el trabajo sea poco a poco.
  4. No finjas lo que no ha pasado.
  5. Sostén la tensión si hace falta.

Cinco señales de que el trabajo del perdón llegó a una profundidad que ya sirve:

  1. Las acciones de esa persona ya no organizan tu presente.
  2. Puedes desearle el bien sin forzarlo.
  3. El matrimonio y su final se acomodaron en el pasado.
  4. La relación de tu peque con la otra casa no está marcada por tu rencor.
  5. Puedes sostener lo que costó sin sacar a relucir la ofensa.

Para cerrar

El perdón que tu tradición enseña y el perdón que tú puedes dar tal vez no sean idénticos. Sostén los dos con honestidad. No finjas lo que no ha pasado. La versión lenta es la versión que dura.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional calificado. Si tú o tu hijo o hija pudieran estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu localidad.