dip
A Year And Beyond

Las relaciones familiares en el otro arco

By the dip team · 12 min de lectura

Las relaciones familiares en el otro arco

Etapa 3 · Un año y más allá · Artículo 113 · Wave 3


Tu familia también ha venido recorriendo su propio arco a lo largo de todo esto. Tus papás, tus hermanos, tal vez tus tíos, tal vez la familia de la otra casa que sigue conectada a través de los niños, cada quien tuvo su propia reacción ante la separación, su propio proceso, sus propios tiempos. Para la Etapa 3 ya alcanzas a ver los patrones con claridad: quién se acercó más, quién se replegó, quién se portó de maneras que te sorprendieron. El arco no ha terminado, pero su forma ya se nota, y hay un trabajo por hacer en recibirla.

Este artículo habla de los cuatro patrones que suelen tomar las relaciones familiares después de la separación, de lo que cambia en tu relación con tus propios papás, de qué hacer con la familia de la otra casa, del trabajo de largo plazo con los hermanos, y de cómo integrar los cambios familiares junto con los de las amistades.

Los cuatro patrones que suelen tomar las relaciones familiares

Las relaciones familiares no son amistades. Los lazos son distintos en su estructura: la sangre, una historia más larga, menos margen para elegir. Después de la separación, las relaciones familiares suelen seguir patrones que no cuadran del todo con los de las amistades. Aquí van cuatro que son comunes.

Patrón 1: Se profundizan

Alguien de la familia se vuelve mucho más cercano después de la separación. Un papá o una mamá que da la cara, un hermano que entra al quite, un primo que resulta ser, sin que nadie lo esperara, alguien importante. La relación que siempre estuvo ahí ahora tiene más sustancia.

Son el equivalente familiar de las amistades que se profundizaron (Artículo 111). Las condiciones son parecidas: la capacidad, la disposición, y que esa persona tenga sus propios recursos por dentro.

Patrón 2: Siguen igual

La relación no cambia mucho. Tu relación con cierto familiar era lo que era antes de la separación, y es lo que es ahora. La separación no la movió de manera significativa para ningún lado.

Este es el patrón más común con la familia: la mayoría de las relaciones familiares tienen una forma ya establecida que la separación no altera de fondo.

Patrón 3: Se transforman y quedan tensas

El familiar se portó, durante la separación, de maneras que tensaron la relación. Tomó partido de mala forma. Dijo cosas que no ayudaban. Hizo que la situación girara en torno a sí mismo. La relación sigue, a veces con la misma cara de siempre, pero algo se movió por debajo.

Estas relaciones muchas veces se ven desde afuera como el Patrón 2 (siguen igual), pero por dentro se sienten distintas.

Patrón 4: Se reducen o se alejan

Alguien de la familia se replegó. Estuvo menos disponible de lo que esperabas. Se retiró de la situación de maneras que dejaron un hueco que se quedó. La relación sigue, pero a menos temperatura, y esa temperatura más baja puede ser permanente.

Que la familia se aleje a veces tiene que ver con la propia incapacidad de esa persona, a veces con la lealtad hacia la otra casa, a veces con la incomodidad ante lo que la separación representa. La causa importa menos que el efecto.

La mayoría de las personas que están en la Etapa 3 van a ver los cuatro patrones repartidos entre distintas relaciones familiares. Esa mezcla es el equivalente familiar de cómo se acomodaron las amistades.

Lo que cambia en tu relación con tus propios papás

Para quienes todavía tienen vivos a sus papás, la relación de hijo a padre suele moverse bastante durante la separación. Aquí van cinco cambios comunes.

1. Te vieron en un estado que no veían desde tu infancia. Los hijos adultos casi siempre les muestran a sus papás una versión cuidada de sí mismos. Con la separación, esa versión cuidada muchas veces se les cayó. Te vieron llorar, encolerizarte, desesperarte, perder el piso. Quedar así de expuesto cambió algo entre ustedes.

2. Se volvieron útiles de maneras prácticas que antes no. Ayuda con la logística. Cuidar a los niños. A veces apoyo económico. A veces un lugar donde caer. Esa ayuda práctica fue, en ocasiones, la primera vez en años en que se les necesitó de algo tangible.

3. Sus propios matrimonios o historias cobraron una relevancia nueva. Si siguen casados, su matrimonio se volvió un punto de referencia de maneras nuevas. Si están divorciados o viudos, su experiencia se volvió algo de lo que podías echar mano. Esa capa de experiencia matrimonial entre generaciones antes casi siempre estaba callada; ahora se volvió audible.

4. Sus límites se hicieron visibles. Las maneras en que tus papás están limitados como personas, en lo emocional, en lo práctico, en su capacidad de ayudar, muchas veces se hicieron más visibles durante la crisis. Esa claridad a veces sirvió, a veces dolió, y muchas veces fue las dos cosas.

5. Los roles empezaron a moverse tantito hacia el otro lado. Tal vez te falten décadas para ser tú quien cuide a tus papás en el sentido pleno, pero los pequeños cambios de papeles ya empezaron. Tú haciéndote cargo de cosas de las que ellos antes se hacían cargo. Tú siendo el más funcional en ciertos momentos. Esos primeros cambios suelen ser sutiles, pero reales.

No siempre ocurren los cinco, y la mezcla varía de familia en familia. Pero estos cinco son los ajustes más comunes que la separación produce en la relación de hijo a padre.

Qué hacer con la familia de la otra casa

La familia de la otra casa, en especial los abuelos de tus hijos, plantea una pregunta particular. Antes eran tu familia política. Ahora son la familia del otro papá o mamá de tus hijos. La relación sigue por los niños, pero su estructura es distinta.

Tres principios.

Principio 1: Lo que importa es la relación de los niños

Si tus hijos tienen una relación significativa con la familia de la otra casa, abuelos, tíos, tías, esa relación gana con que continúe. Tu papel es apoyar que siga, no interrumpirla por razones que tienen que ver con tu relación con esas personas y no con la de los niños.

A veces eso cuesta trabajo. Procurar que los niños pasen tiempo con esos familiares. Mantenerlos al tanto de sus vidas. Permitir que estén presentes en los eventos de los niños.

Principio 2: Tu relación con ellos no tiene por qué ser cercana

No tienes que mantener con la familia de la otra casa la calidez que tenías antes. Trato cordial, respeto básico, una comunicación adecuada. Puedes querer a cierto familiar político y, al mismo tiempo, no mantener con toda la familia política la cercanía que había en la época del matrimonio.

El cambio en tu relación con ellos corresponde al cambio de estructura. Ya no son tu familia política; son los otros abuelos, tíos y tías de los niños. La forma que le toca a esa relación ya cambió.

Principio 3: Cuídate de la triangulación

A veces la familia de la otra casa intenta meterte, o dejarse meter, en dinámicas con la otra casa. Reportarles sobre ti. Pasar mensajes de parte de la otra casa. Tratar de influir en la otra casa a través de ti.

No entres en eso. Respuestas breves y cordiales. La comunicación directa con la otra casa se queda con la otra casa. El canal de la familia y el canal de la otra casa están separados, y no deberían usarse para triangular el uno con el otro.

Cuando la familia de la otra casa ha cortado la relación de fondo, no te buscan, no se involucran contigo, la pregunta de cómo relacionarte con ellos cambia. La relación de los niños con ellos sigue importando; tu relación es lo que sea que sea. No trates de revivir lo que ellos dieron por terminado.

El trabajo de largo plazo con los hermanos

Las relaciones entre hermanos suelen tener dinámicas particulares en una separación. Tres patrones a los que conviene poner atención.

Patrón 1: Un hermano que entra de lleno en el papel de sostén

Uno de los hermanos se vuelve el familiar que carga con más de ti. Te checa cómo vas. Te visita. Te ayuda con la logística cuando puede. Se vuelve el equivalente familiar de la amistad que se profundizó.

Ese hermano a veces se quema. Ponle atención. Cargar de manera tan despareja no es sostenible para siempre, y el hermano que carga casi nunca pide que lo releven.

Patrón 2: Un hermano que deja ver un resentimiento o una distancia que traía desde hace tiempo

A veces la crisis deja ver que la relación con un hermano no era lo que creías. Resentimientos, distancias, juicios que no se notaban se vuelven visibles. La crisis saca a la luz un terreno que ya estaba ahí.

Esas revelaciones suelen doler y suelen ser reveladoras a la vez. La relación con ese hermano, de aquí en adelante, va a tener que integrar lo que ahora quedó a la vista.

Patrón 3: Un hermano que está pasando por lo suyo

Un hermano cuya propia vida trae mucha carga en este momento puede estar bastante ausente de tu crisis, simplemente porque no puede estar presente. Su ausencia no se trata de ti; se trata de hasta dónde le alcanza.

A veces eso es difícil de leer en el momento. Con los años, la relación casi siempre retoma su patrón anterior una vez que los periodos más intensos de los dos ya pasaron.

El trabajo con los hermanos después de la separación muchas veces implica:

  • Reconocer a quien cargó. Si un hermano cargó con más de lo que le tocaba, dilo tarde o temprano. No de un modo que vaya acumulando una deuda; nomás como reconocimiento.
  • Reparar donde se pueda. Algunas relaciones entre hermanos que se tensaron sí se pueden reparar. Una conversación directa sobre lo que pasó, lo que cada quien vivió, lo que ayudaría de aquí en adelante.
  • Aceptar lo que no se puede reparar. Algunas relaciones entre hermanos ya venían en cierta trayectoria que la separación no causó, pero sí dejó al descubierto. Las trayectorias siguen su curso. Aceptarlas es, a veces, el único trabajo disponible.

Integrar los cambios familiares junto con los de las amistades

Los cambios en la familia y los cambios en las amistades pasan al mismo tiempo. Los dos son piezas de una reestructuración más grande de tu mundo social y de tus vínculos. Tres principios para integrarlos.

Principio 1: Cada tipo de relación tiene su propia forma

Las relaciones familiares son durables en su estructura de un modo que las amistades no. Vas a ver a tus hermanos en los eventos familiares por el resto de tu vida, esté la relación de maravilla o tensa. Las amistades dan más margen para elegir. El trabajo de integración es distinto para cada una.

No le apliques la lógica de la amistad a la familia, ni la lógica de la familia a las amistades. Son cosas distintas.

Principio 2: Toda la arquitectura social se reacomodó

Haz un balance de vez en cuando del cuadro completo. Quién está cerca. Quién está a media distancia. Quién está lejos. Quién ya no está. La arquitectura es lo que es ahora. El cuadro a veces es distinto de lo que habrías esperado, y casi siempre más chico de lo que tenías antes.

Ese reacomodo no es un final. Es una nueva configuración.

Principio 3: Construye para lo que viene

La arquitectura de hoy no es la que va a haber en cinco años. Pueden llegar nuevos integrantes a la familia (los hijos de tus hermanos, las parejas de tus hijos, tal vez tu propia pareja en el futuro). Se van a formar nuevas amistades. Algunos huecos se van a cerrar y otros van a quedarse abiertos.

El trabajo de la Etapa 3 es mantener lo que funciona, hacer el duelo de lo que no, y quedarte abierto a lo que viene. El mundo social y familiar se reacomoda a lo largo de los años; la forma de hoy no es la forma final.

Cuando los cambios incluyen la pérdida de un familiar

Algunas personas en la Etapa 3 van a perder a un familiar durante este periodo, un papá o una mamá, un abuelo, a veces un hermano. Las pérdidas se le suman a las pérdidas de la separación.

Tres principios para cuando pasa esto.

1. Las pérdidas no se restan entre sí

El duelo por la pérdida de un familiar no se reduce por el duelo de la separación, ni al revés. No trates de racionar tu duelo. Las dos pérdidas merecen todo su peso.

2. La separación pudo haber marcado quién estuvo presente para la pérdida familiar

Si venías funcionando con menos energía por la separación, quizá estuviste menos presente con el familiar que murió de lo que habrías estado en otras circunstancias. Ese ajuste, visto en retrospectiva, a veces es difícil de integrar.

Esto es duelo encima de duelo. Merece el tiempo que tome.

3. Algunos familiares se vuelven más importantes después de una pérdida

A veces la muerte de un papá o una mamá cambia la relación con el que queda. A veces la pérdida de un hermano cambia la relación con los hermanos que quedan. El reacomodo que produjo la separación se vuelve a reacomodar con la pérdida.

Ese reacomodo tras reacomodo es agotador. También es parte de lo que significa vivir una vida larga.

Referencia rápida

Cuatro patrones que suelen tomar las relaciones familiares:

  1. Se profundizan.
  2. Siguen igual (el más común).
  3. Se transforman y quedan tensas.
  4. Se reducen o se alejan.

Cinco cambios en tu relación con tus propios papás:

  1. Te vieron en un estado que tenías escondido desde la infancia.
  2. Se volvieron útiles en lo práctico.
  3. Sus propios matrimonios o historias cobraron una relevancia nueva.
  4. Sus límites se hicieron visibles.
  5. Los roles empezaron a moverse tantito hacia el otro lado.

Tres principios sobre la familia de la otra casa:

  1. Lo que importa es la relación de los niños.
  2. Tu relación con ellos no tiene por qué ser cercana.
  3. Cuídate de la triangulación.

Tres patrones entre hermanos:

  1. Un hermano que entra al papel de sostén (cuidado con que se queme).
  2. Un hermano que deja ver una distancia que traía desde hace tiempo.
  3. Un hermano que está pasando por lo suyo.

Trabajo con los hermanos:

  • Reconoce a quien cargó.
  • Repara donde se pueda.
  • Acepta lo que no se puede reparar.

Integrar los cambios familiares y los de las amistades:

  • Cada tipo de relación tiene su propia forma.
  • Toda la arquitectura social se reacomodó.
  • Construye para lo que viene.

Cuando hay una pérdida familiar en este periodo:

  • Las pérdidas no se restan entre sí.
  • La separación pudo haber marcado quién estuvo presente para ella.
  • Los familiares que quedan pueden volverse más importantes.

La familia son esas relaciones que uno no acaba de elegir. El trabajo no es volverlas lo que tú elegirías. Es verlas como son, sostener las que importan, y dejar que las demás sean lo que son.

Esto es autoayuda, no consejo médico, psicológico ni legal, y no sustituye la ayuda de un profesional calificado. Si tú o tu hijo o hija pudieran estar en peligro, llama a los servicios de emergencia de tu localidad.